miércoles, 26 de febrero de 2014

Tuy, Eurociudad


                                                



El rimbombante sobrenombre, Eurociudad, o ciudad de ciudades, es una etiqueta de conveniencia, de reciente creación, cuya diferencia respecto del clásico y candoroso hermanamiento está en que se establece formalmente un protocolo de cooperación y que conlleva mayor compromiso en los objetivos, pero, en todo caso, es un convenio de similar  alcance. Por ello, para empezar, obliga a las partes a aportar al proyecto común una cantidad anual. En el caso de la eurociudad Tuy-Valença cada ayuntamiento aporta 50.000 euros.  En España existen la eurociudad  Vasca, Bayona-San Sebastían, constituida hace veinte años, con el objetivo de agrupar  a las ciudades a ambos lados de los Pirineos que comparten la misma lengua; además de la de Ayamonte y Verín-Chaves.

Suena redundante dentro de la Comunidad Europea llamar eurociudad a simples cofradías de ciudades de distintos países; a la vez que, y sobre todo, pretencioso, en cuanto que tal nominación conlleva la engañosa presunción de altos estándares de calidad de vida. Tuy es, lamentablemente, ejemplo de cuán ilusorio resulta tal suposición. Bastan algunas elocuentes imágenes tomadas en el mismo  corazón de nuestra “flamante eurociudad”.





 


    





            


Al margen del postinero título de eurociudad, Tuy es, esencialmente, ciudad milenaria,  si bien sus señas de identidad están en franca regresión ya que, por falta de peso político,  camina lastimosamente hacia el prosaico destino de pueblo, más o menos grande. La causa matriz radica en que una mayoría ciudadana es muy poco o nada exigente a la hora de elegir a sus representantes, quizá porque todo lo encomienda a la providencia, llámese ésta Diputación, Xunta, Apóstol Santiago o Altísimo.  Así vemos como, elección tras elección, el nivel de los corporativos empeora hasta el alarmante  extremo de que, en la actualidad, nuestro futuro está  en manos de un gobierno compuesto en buena parte por alguaciles, por mandados sin cualificación, sin ideas ni capacidad de iniciativa para gobernar una ciudad. Una de las graves consecuencias derivadas de gobiernos vulgares, por irreversibles, son los desastrosos planes de ordenación urbana, encargados, para mayor infortunio, a un no urbanista mercenario  del partido habitual en el gobierno, y que, entre otros destrozos, han estrangulado las dos principales vías de penetración a Tuy, la C/ Colón y la Avda. de la Concordia. Planes desestructurados, a mayores del funesto aplazamiento del Plan de Protección del Casco Histórico, que no han ordenado algo tan fundamental como la  previsión y distribución de espacios para equipamiento urbano: edificios administrativos, de servicios y lugares de convivencia. Esta oscura perspectiva de carencia de espacios ha sido empeorada al haber vendido el Ayuntamiento todo el suelo proveniente de la cesión del 10% de los aprovechamientos urbanísticos tipo de las Áreas de Reparto y PERIs, en lugar de  reservarlo para dichos fines.

Con estrecheces e improvisación se acondicionó un bajo para  el juzgado nº 3, y con apreturas se ubicó la escuela infantil. Hoy nos enfrentamos al problema de emplazamiento del Centro de Salud prometido. Si no se remedia, se levantará en el actual aparcamiento municipal, cuyo entorno inmediato concentra excesivo tráfico por  acumulación de servicios, a saber: Área Panorámica; Instituto de Enseñanza Secundaria y Escuela de Idiomas; Escuela Infantil; Pabellón deportivo; Centro de la Tercera Edad; un Supermercado y Plaza de Abastos.

Analizando la planificación con perspectiva de futuro se concluye que el Centro de Salud deber construirse en lugar tranquilo y de acceso despejado, y el área ocupada por el aparcamiento municipal, por su centralidad, es el lugar ideal para construir un parque para descongestión y esparcimiento, pues Tuy, como toda ciudad que se precie, necesita tener uno. A este respecto un grupo de particulares comprometidos con el destino de nuestra ciudad, han emprendido una campaña de recogida de firmas (yo ya he firmado) a favor de un parque en dicho lugar y en contra del emplazamiento previsto para el Centro de Salud.

Queda por resolver la dotación de un aparcamiento general. Además de que es perfectamente compatible un aparcamiento en el subsuelo del parque, propongo, a mayores, la construcción de uno en plantas escalonadas en los terrenos ocupados por las piscinas municipales y áreas deportivas del Casino, con entrada por la Avda. de la Concordia. Esta solución, de ejecución sencilla, permite la cobertura vegetal de su superficie, la instalación de pistas, y posiblemente la ubicación de una piscina.

Vean, para ilustración, el gusto  marujón por lo menudo y fracionado, de nuestros gobernantes y su concepto de zonas verdes en las siguientes imágenes, que impiden la instalación de terrazas, y luego se instalan en la calzada, y, por el contrario, las actuaciones de la otra media naranja de la eurociudad:

     


      


     



       


                                              PARQUE EN VALENÇA



                                     






                                                                                              

En los últimos veinte años el Ayuntamiento de Tuy  gastó, actualizando importes, del orden de 180 millones de euros; 30 mil millones de las antiguas pesetas, y salvo la red de alcantarillado en las parroquias, financiada prácticamente en su totalidad con fondos europeos, pues no en vano es exigencia europea disponer de este servicio para conceder licencia de construcción, no se puede decir que nuestro municipio haya experimentado cambio perceptible hacia mejor. Diría que permanece varado en el tiempo, y que los gobiernos habidos trabajaron como el motor de un vehículo en constante régimen de ralentí, que consume todo el combustible que se le proporciona pero que no se mueve.

Confío, pues, que la constitución de la eurociudad Tuy-Valença, con el mismo grado de  incertidumbre con el que se expresó el Gobierno gallego, “que  confía que pueda atraer fondos de la Unión Europea”, sirva para algo más que para organizar conjuntamente cabalgatas de reyes, eventos lúdicos-folclóricos, posar para la prensa  y  afianzar en el error   a Faro de Vigo de que Tuy es ciudad transfronteriza, y no fronteriza, ahora que la ciudad de ciudades nos sitúa a caballo de dos países. De momento, salvo intervención sobrenatural lo único que trasciende, que traspasa la frontera, que tiene  proyección internacional hasta la otra orilla del río Miño, son los conciertos entre ambos municipios.



                                    José Antonio Quiroga Quiroga  





ROGATIVA: Te suplico Señor, que sientes en el banquillo de la oposición o, mejor aún, despidas a este Moisés tuercebotas y pongas en el puesto a alguien competente. Eso sí, Señor, a título de oportunidad, y aunque solo sea por una vez, que el elegido no sea de Tú partido.

lunes, 27 de enero de 2014

Bendito tráfico de influencias


           


 


San Benito sorteó hábilmente el aprieto moral en que se vio cuando un carretero, que estaba tratando de reparar su carro al costado del camino, le pidió ayuda divina, contestándole: yo rogaré a Dios, pero tu entretanto da con el mazo (origen del refrán popular, un tanto descreído, “a Dios rogando y con el mazo dando”; la versión inglesa, más pragmática e irónica, reza así: “ God helps those who help themselves”, es decir,“Dios ayuda a aquellos que se ayudan a sí mismos”.
           La súplica del carretero responde a la “educación” religiosa, en su vertiente inocente e inocua que, lejos de primar el esfuerzo, fomenta la búsqueda de soluciones fáciles y  atajos  frente a dificultades o necesidades a través de plegarias al cielo. A este respecto, permítanme que intercale, como ejemplo ilustrativo de instrucción en absoluto edificante, además de asimilación reduccionista del concepto de Dios  hasta extremos bochornosamente  domésticos, la anécdota vivida durante mí internado en el colegio Marista de Orense. En una ocasión que estábamos preparando en la sala de estudio los exámenes finales del último curso de bachillerato, el prefecto de la orden marianista, encargado de guardar el orden  en la misma, se dirigió a los que allí estábamos en estos términos: “chiquitos (todos  somos chiquitos, no importa la edad,  o inmaduros intelectualmente  a criterio de las religiones, pues no en vano no enseñan a razonar sino a creer ciegamente), si tenéis problemas con alguna asignatura, no dudéis en pedirle a la virgen María para que aprobéis,  pues Ella, como mujer, sabe cómo interceder ante el Señor.       
           Pero esta doctrina,  enormemente seductora, a pesar de su candorosa irracionalidad, y eficacísimo resorte de poder, contempla las ayudas divinas  al margen del principio de igualdad, mérito y capacidad, y de los  perjuicios derivados que causan a propios y terceros al institucionalizar, por extensión, la cultura del padrino o escuela del enchufismo. Y si se considera justo y recomendable, que quienes carecen de la preparación necesaria para aprobar unas oposiciones, conseguir un determinado empleo, acceder a una contrata, o a cualquier tipo de prebenda, recaben el favor  de la constelación de  santos/as y vírgenes, aunque todas sean una misma, cada cual titular de una especialidad remediadora, lógicamente debe considerarse igualmente correcto o justo, que quienes no creen en la discriminatoria acción benefactora de las altas instancias, pero que lo simulan en los actos públicos, echen mano de la amplia fauna de caciques,  “conseguidores” y  logreros de cualquier pelaje y condición.
            Con tales patrones de conducta, con tan altas referencias morales  sería de hipócritas escandalizarse de que España sea una inmensa ciénaga de corrupción, un apestoso caldo revuelto de nepotismos, sobornos, dádivas, cohechos, prevaricaciones, estafas y manipulación de la justicia.
             Nuestros representantes públicos, que no son carreteros ni almas cándidas, sobre todo en un estado laico, si fueran honestos y coherentes y respetasen la constitución, deberían abstenerse de oficiar y presidir   rituales más propios de tribus que de civilizaciones democráticas, en los que gobernantes, en solemne reconocimiento de su incapacidad,  encomiendan el gobierno a sus respectivos patrones (¡Ay de aquella entidad, pueblo o territorio que no tenga patrón/na que le proteja!).
             Resulta patético a la vez que  jocoso imaginar las zancadillas y codazos que deben propinarse en el cielo las instancias sagradas objeto de ofrendas por los clubes de futbol para ganar liga o no descender de categoría, en su afán y pugna por interceder ante Dios y cumplir con sus protegidos.
             Cabe argumentar en contrario que, ante la desesperación humana está justificado, y solo en ese caso, ofrecer algún tipo de esperanza que sirva de consuelo, sin embargo,  sin por ello dejar de comprender y  respetar a quienes se agarran  incluso a un clavo ardiendo, me remito al sentir del escritor lisboeta Lobo Antunes,  aspirante al nobel de literatura, de cuando estaba convaleciente de dos cánceres en la planta de  oncología de un hospital del estado,   maravillado por la dignidad de aristócratas y el coraje con la que la gente pobre sobrellevaba la enfermedad. “Nunca les oí una queja, a nadie rogar, o pedir sálvame. No tenían miedo”.



                        José Antonio Quiroga Quiroga



  NOTA: ¿Cabe alguna esperanza a los partidos laicos de la oposición de alcanzar el gobierno municipal de Tuy estando huérfanos de toda ayuda y asesoramiento celestial?


viernes, 10 de enero de 2014

Porque yo lo valgo


                                      

En política es habitual que la mediocridad de un piernas como el alcalde de Tuy, Moisés Rodríguez, se retribuya de manera  desmedida y obscena. Este chato indocumentado, que carece de palabras, que no tiene palabra, y que, por caprichoso designio de la providencia, ni siquiera le socorre la voz: raro registro silbante entre el de jilguero falsete y el de castrati malogrado, que capitanea el  coro mudo del grupo de gobierno, se embolsa mensualmente 6.437,50 euros provenientes del exprimido sudor de los contribuyentes.

Este incapaz, que no ha podido acabar los estudios medios de diplomatura en empresariales, que, ebrio de gozo cual ratón encima de un queso, desparrama  triunfalismo al frente de la empresa municipal, sobresale por su querencia natural  por la política social de escaparate, en la que basa sus esperanzas de reelección: llevar tartas de cumpleaños a las personas centenarias del municipio, confortar espíritus yendo a todos los entierros, excepto a los de miembros de familias que políticamente le caen  mal,  porque es rencoroso, y posar constantemente para la prensa, para exhibir ufano, como si de hazañas se tratase, cotidianas eventualidades tales como, personal contratado  o la compra de un vehículo. Incapaz, sí,  pero sansón de su hacienda particular, que levanta a final de mes del erario público, sin mayor esfuerzo físico ni resentimiento de conciencia, 1.071.109,87 de las antiguas pesetas.
 

Cierto que esta elevada suma responde a dos actividades: la de alcalde en régimen de dedicación “exclusiva”, y  la de  de diputado provincial. Pero cierto también que para desempeñar la segunda tiene que faltar a su puesto de trabajo en el Ayuntamiento, ausencia a mayores de la abandonada delegación de urbanismo que está causando graves problemas a los solicitantes de licencias, que acaban interponiendo demanda judicial por daños y perjuicios; y que todo esto sucede en un país de recortes salariales y de pensiones, y colmado de desempleados. Obviamente, al pequeño regidor local no le afecta la ley de incompatibilidades de altos cargos, pero sí la de incompetencia de alta carga para la ciudadanía.

He aquí el hombre (ecce homo), el alma cándida, siempre en perfecto estado de revista para comulgar impremeditadamente, cuya puritana moral le permite trampear dos trabajos sin remordimiento ni escrúpulo, y así cobrar dos sueldos; y cuya falta de categoría le llevó a permanecer en la sala de plenos, lejos de ausentarse, y a votar en su favor, cuando debía abstenerse, en el punto del orden del día que  planteaba la compatibilidad de ambos cometidos con la renuncia a la dedicación exclusiva y acogimiento a la modalidad de media dedicación. Además, no es solo cuestión de ausencia de ética sino de falta de legalidad en cuanto que ha vulnerado la ley 30/1992 de 26 de noviembre de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, artículo 28. Abstención: "Las autoridades y el personal de servicio de las Administraciones se abstendrán de intervenir en el procedimiento cuando tengan interés personal en el asunto de que se trate o en otro en cuya resolución pudiera influir la de aquél;..." He aquí el hombre (ecce homo) desnudo de argumentos a merced de la malvada  oposición que lo crucifica  en los plenos, porque lo único brillante que sale su cabeza son los reflejos de luz de su lustrosa y despejada frente. Pero Moisés ni siquiera suda,  supera victorioso el calvario  agarrándose a las tablas de la ley de la democracia numérica: tantos votos, tantas razones.

A primera vista resulta incomprensible que alguien con  alias  de estornudo, Chesssss,  pueda tener un sueldo de quitar el hipo,  6.437,50 euros, y coche oficial para uso propio, pero como estamos  saliendo de la crisis, palabra de Rajoy,  y prueba ejemplarizante de ello es nuestro Moisés, referente máximo municipal en ingresos por rentas del trabajo, debemos reconocer el impagable beneficio del estímulo que su envidiable prosperidad económica genera, potenciado por la singular particularidad de encarnar la metáfora de conductor bíblico, sobre todo para el pueblo sabio devoto, que alienta sobremanera a seguir la estela  de quien ya disfruta a chorros de la luz al final del túnel. Lástima de su falta de carisma ¡Mecachesssss!


Nota: Sí, sí, no diga, ches, diga yes,yes.

 
                        José Antonio Quiroga Quiroga

domingo, 29 de diciembre de 2013

Mensaje de Navidad


                

La gente de bien adora los belenes de figuritas de barro. A mí, como adulto, no me dicen nada, pero sí y mucho los incontables belenes permanentes del vasto mundo de la pobreza. Y no me regocija en absoluto tan triste estampa. De las religiones aceptaría la labor balsámica de confortar a las almas desvalidas si no fuese porque su tutela trata de mantenernos en estado de dependencia espiritual de por vida con angelicales nanas.

La breve y volátil dicha navideña es una felicidad soñada ante el acechante desamparo, e inducida por el etéreo consuelo del nacimiento del Redentor. Pero la verdadera protección que la humanidad siente, toca y valora   es la del grupo familiar como garantía de sustento, rubricada y festejada en el altar de una mesa surtida y abundante en alimentos. Tras el consumo compulsivo de estas fechas se esconde el deseo de ahuyentar el ancestral fantasma de la pobreza y el hambre. A sentirnos dichosos por tener cobijo y reconfortante calor de hogar contribuye la tradicional y entrañable escenografía del frío, evocadora de la inclemencia de la intemperie, la blanca navidad, más blanca por la nieve que por la pureza de sentimientos, pues los canallas también celebran la Navidad. Esto es el espíritu de la Navidad, la autocompasión proyectada sobre los demás que nos lleva a ser caritativos con nuestro semejantes.

Aborrezco el repertorio de cantinelas estupefaciente político-religiosas al uso, del que participan cogidos de la mano ambos poderes, muy especialmente la política de derechas, al que pertenece la recomendación final para ser felices por Navidad de César Vidal, columnista del diario La Razón, recogida en su artículo, “Felices Fiestas”, página 2, publicado el 26/12/2013, que reza literalmente así: “ De gracias a Dios, sí, lo que acaba de leer, porque si el trabajo no es malo al menos tiene un empleo, y si está desempleado, al menos tiene salud y una familia; y si está solo y enfermo, los hay que se encuentran en peor situación o incluso se han muerto. Además, aunque cueste creerlo, Él lo está llamando y desea su felicidad. Nada más. Que Dios nos bendiga”.

Tiempos de predicadores los de precariedad generalizada. De pastores encargados de aplacar la frustración y descontento de las masas con sus gobernantes derivando hacia el cielo la mirada en demanda de solución a sus problemas.  
 
                               José Antonio Quiroga Quiroga

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Sístole de Navidad, diástole de Año Nuevo.


         Por Navidad, el universo de entes divinos y santidades que configuran  la esfera celestial, se contrae en sobrenatural sístole de acercamiento a los mortales de la tierra. Este cíclico beatífico latido genera en todo el orbe cristiano una densa atmósfera de recogimiento trascendente cuya poderosa mística extrae del  alma humana un agridulce destilado de bondad, soledad y desamparo.

         En estos días de blanda perfección y entrañable felicidad, con las estrellas al alcance de la mano, se abren los corazones, reina la indulgencia, brota la fraternidad, y se establece la concordia en forma de felicitaciones y cálidos apretones de manos. Tras la maceración de los sentidos en delicadas fragancias de diseño y sinfonía repostera de turrones, confituras, frutas escarchadas y licores, los tiernos sentimientos cristalizan armoniosamente en la dulzura bajo la suave luz de constelaciones de millones de bombillas y candorosa melodía de villancicos para componer la postal navideña.

         Esta angelical espiritualidad de carta nevada y azúcar glasé, resultado de la hermosa contrición cardíaca de las personas de buena voluntad, a ratos triste, no tarda en ser desplazada por el empuje de la irrefrenable mística pagana, de naturaleza gaseosa, al desencadenarse una contra atmósfera de vaporosa alegría e incontenible fuerza expansiva, generada por la fermentación del exceso de azúcares y  de burbujas de carbónico ingeridos, cuyo “Big Bang” de júbilo, potenciado por la explosión simultánea de innumerables cohetes y detonación de botellas de champagne, tiene lugar, exactamente, con las campanadas que anuncian  la última pulsación del año.

El mundo terrenal, en su rítmico palpitar, alimenta indefectiblemente sus dos necesidades esenciales, las del espíritu y las de la carne. Al igual que el universo,  del que formamos parte, que se expande, nuestro mundo tiende al desahogo.

 

 

                                 José Antonio Quiroga Quiroga

 

 

 

 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Feísmo municipal


 

Las intervenciones municipales en Tuy en materia de urbanismo y arquitectura distan mucho de reunir méritos como para optar a algún premio de ordenación del territorio o, siquiera, para participar en bienales de arquitectura, como, por ejemplo, la recuperación ambiental de la fortaleza y playa fluvial de Goián en Tomiño, o la muy celebrada actuación urbanística en Allaríz. Si existiesen galardones negativos por realizaciones desastrosas, al estilo, premio “Cenutrio” (Farmaindustria) o “Sombra” (ecología), en  materia tan sensible como el paisaje urbano, la política constructiva municipal llevada a cabo en Tuy bajo las siglas PP conseguiría varios de ellos. El feísmo municipal, a diferencia del edificatorio del rural gallego de obras sin terminar por falta de dinero, responde a la falta de sensibilidad y preocupación de los gobernantes por el medio ambiente, para quienes el territorio solo tiene valor como mero soporte físico susceptible de explotación discrecional, sin importarles la belleza o los valores ambientales.

Para muestra, otro botón; el nuevo pabellón de deportes, de diseño cutre al genuino estilo de las primeras y elementales naves industriales, emergiendo abruptamente en la panorámica de  jardín y campiña que se ofrece a la vista desde la visitada glorieta de Vigo.

 

 
 
 

La presencia de esta desmadrada construcción, de imagen fabril de color gris cemento, burdo contenedor de prácticas deportivas, en el mismo borde delimitador del recinto del casco histórico, es francamente, perturbadora.  Y viene a sumarse, significativamente, a otras fuera de escala (hoy ocultas por árboles), impropias todas ellas de un área de clara vocación residencial de vivienda unifamiliar. Cuando no rige más criterio que el utilitarista de dotar de equipamiento donde haya espacio disponible, porque, dada la baja cualificación de nuestros corporativos, no cabe esperar mayores consideraciones, la belleza y armonía de nuestro singular enclave corre serio peligro. Por la incompetente manera de actuar de nuestros gobiernos municipales con respecto a los “excepcionales valores ambientales”, según recoge  el Decreto que declara a Tuy “Conjunto Histórico- Artístico” diría que desconocen que dicha  declaración incluye la cualidad de “Conjunto Pintoresco”. Si bien,  a la vista de los nefastos resultados para el entorno, para pintorescos, los referidos munícipes.  

Tanto si reparamos en la evolución de los ayuntamientos vecinos, como si hacemos abstracción de su desenvolvimiento, cabe preguntarse, qué particular beneficio han reportado a Tuy las “insignes y escogidas” corporaciones de los últimos veinte años.

 

 

                                           José Antonio Quiroga Quiroga

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

martes, 29 de octubre de 2013

¡Lo qué hay que oír! señor Gabilondo


Esta vez no me ha gustado nada, mejor dicho, me ha molestado mucho la “Voz de Iñaki”. No pude dar crédito a mis oídos al escuchar el cotidiano “speech”, del señor Gabilondo, “Aunque no guste oírlo”. Un discurso semánticamente tramposo, de sutil intencionalidad partidaria, basado en atribuir gratuitamente a los indignados  por el fallo judicial del Tribunal de Estrasburgo la pretensión de querer dirigir la política de este país.

Comienza astutamente, preparando el terreno que predispone al asentimiento de la audiencia, cimentándolo con un hipnótico artículo de fe: “Hay verdades que a las víctimas  no les gusta oír”; si bien, antes de descargar el varapalo, se muestra condescendiente aplicando balsámicas palabras de apoyo al reclamar toda la generosidad del Estado para con las  familias de las víctimas, incluso el prohijamiento de los hijos de éstas y,  como lenitivo genérico,  nos declara a todos culpables de habernos olvidado de ellas.  ¿Cuáles son esas verdades que no  gusta oír?: “que el dolor, por muy grande que sea, no les da especial derecho para dirigir la política de este país, para dirigir la política antiterrorista, la penitenciaria y la justicia”. “Tampoco les compete el cómo se administra la justicia, porque su dolor les implica de manera tan absoluta que la justicia democrática les aparta por falta de imparcialidad”. Para mejor entendimiento, se apoya, fraudulentamente, el señor Gabilondo,  en escenas cinematográficas en las que miembros del jurado son excluidos por existir vínculos de parentesco o afectivos con los reos, como si representantes de las familias de las víctimas  aspirasen a integrar  un jurado popular legalmente constituido.  Por la misma razón les niega el derecho a reclamar, y presupone, a favor de su argumentación, que nunca serán suficientes las penas para las víctimas.

El grave alcance de las palabras del señor Gabilondo se aprecia en toda su magnitud trasladando su peculiar punto de vista a otras situaciones sociales. Por ejemplo, a las manifestaciones de protesta  de docentes y estudiantes en contra de la ley Wert de educación se les podría acusar de pretender  dirigir la política educativa de España. A las quejas de los explotados en el trabajo que no les compete dirigir la política laboral. A los desempleados de tratar de alterar la política de empleo. A las víctimas de desahucios de tratar de  cambiar la política hipotecaria. A los manifestantes en defensa de la sanidad pública de dirigir la política sanitaria, etc, etc, etc. No se atreve, claro, a decir lo mismo de los sindicatos. Como con nuestro voto hemos delegado la administración de la nación en los políticos elegidos, hasta nueva convocatoria a las urnas, a la población, a los contribuyentes,  no le asiste, pues, más derecho que el de estar callados, ni siquiera el reconocido de libertad de manifestación. Esta defensa de la democracia vertical, en contraposición a la democracia participativa que escucha al pueblo, le descalifica como gurú socio-político señor Gabilondo.
 
En este asunto del terrorismo podría llegar a entender, señor Gabilondo, que  por superior razón de estado, todos los gobiernos habidos hasta hoy, salvo el  de Adolfo Suárez, hayan negociado con ETA la reducción de penas, entre otros extremos, con la esperanza de alcanzar la paz y así evitar más muertes a costa del sacrificio de las víctimas directas y de sus familias, pero no acepto que les niegue el derecho a manifestar su frustración, como tampoco la endémica costumbre, propia de predicadores familiarizados con el manejo del pecado original, de meter en el saco de culpables a todo el mundo, y el recurrente mantra “porque es verdad” con el que trata de apuntalar de veracidad su fraudulenta alocución.

Aunque no guste  oírlo, señor Gabilondo, es burdo ejercicio de prostitución de los principios democráticos en favor de para quien trabaja.
NOTA: El video, de la Voz de Iñaki, "Lo que no gusta oír" está disponible en el diario digital de El País, de 28/10/2013.

                                              José Antonio Quiroga Quiroga

sábado, 26 de octubre de 2013

Crimen y castigo proporcional.


 

No discutiré la legitimidad legal del fallo del Tribunal de Estrasburgo que deroga la doctrina Parot y, consecuentemente, ordena  la excarcelación de etarras o cualesquiera otros criminales que hayan cumplido el tiempo de reclusión impuesto, ni la obligación de acatar  tal fallo.  Como tampoco que la Justicia (legal) es del Estado y no de las víctimas (pero sí la moral), como aclara, para llenarse de razón, Xosé Luis Barreiro Rivas en “Cómo abordar el fin de la doctrina Parot”, además de recomendarnos que nos liberemos del problema de sentimentalismos y entendamos que “el hecho de salir de la cárcel es igual de justo que el de entrar”. Formulaciones éstas sumamente sencillas y simples, pues los lectores no alcanzamos a más. Pero sí cuestiono la utilización sesgada del artículo 25.2 de la Constitución española por el antes referido e Ignacio Escolar: “Doctrina Parot: la justicia no es venganza”, así como la acusación dirigida a las familias de las víctimas  de falta de compasión por “perturbación mental” de Elvira Lindo, en su artículo, “No hay otra”, en el que se echa en falta la aplicación de reciprocidad de dichas acusaciones a los asesinos; todo ello bajo el amparo de particulares aplicaciones de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH).

Los redactores de la DUDH tomaron el sano criterio de no definir qué son los derechos humanos, y menos cuál es su justificación o naturaleza, concentrándose a elaborar un texto destinado a protegerlos. Como dijo Jacques Maritain, Presidente de una comisión nombrada por la UNESCO de apoyo a los redactores políticos, “estamos de acuerdo en todo, a condición de que no se nos pregunte por qué”.

Como limitación a la soberanía de los estados, en evitación de bárbaras extralimitaciones punitivas, la DUDH es un texto muy importante para la humanidad, pero entraña el riesgo de ser tomado como sagrado y, en consecuencia, aplicable literalmente a toda persona responsable de actos castigables al margen del alcance de los mismos.

Entiendo que la finalidad primera de la privación de libertad no es la reinserción,  sino el apartamiento de la sociedad de quienes atentan o perturban la normal y pacífica convivencia.  Y que la reclusión, no solo contemplada como castigo sino como prevención de comisión de  nuevos crímenes, debe ser proporcional al daño causado. Como también que la proporcionalidad desaparece al establecerse un número máximo de años al margen de la magnitud de la atrocidad cometida. Se dice que hoy día, y si no es hoy lo será mañana, es posible adquirir en el mercado negro de venta de armas, propicio para terroristas, una bomba nuclear de bolsillo, que arrojada en una ciudad grande podría matar, p.e. cinco millones de habitantes. ¿Quedaríamos conformes con que la pena a tal magnicidio se purgase con un máximo, sin descontar los beneficios penitenciarios, de treinta años? Una cosa está clara,  los muertos no tienen oportunidad de acogerse siquiera al dudoso beneficio que le pueda reportar el pasaporte a la eternidad.

Considero engañosa, si no perversa, la afirmación  que “la cárcel tiene como objetivo la reinserción y no la venganza”, confrontando conceptos alejados de la finalidad de la pena de reclusión, para justificar  de manera indiscriminada la reducción de penas por motivos humanitarios. El que las penas privativas de libertad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social del recluso, como reza el artículo 25.2 de la Constitución, no debe llevarnos a identificar la pena impuesta en términos de tiempo de cárcel con tiempo necesario para la reinserción, lo cual conduciría a reconocer castigo y reinserción como un misma cosa. Si así fuese, no estamos libres de que algún día se pronunciase el estrambótico fallo judicial de condenar a un criminal a la pena de reinserción de veinte años. Para entrar en materia a este respecto formulo las siguientes preguntas: ¿Se imparten sesiones sobre reinserción a terroristas en prisión? ¿Son aceptadas? ¿Con qué contrastado provecho? ¿Cómo se está seguro de que un terrorista está arrepentido de por vida?  A propósito de la probabilidad de reinserción de terroristas cito la frase, cuya autoría atribuyo, sin asegurarlo, a Pío Baroja, referida a ciertos fanatismos de corte nacionalista: “lo que entra irracionalmente, que no se espere que salga recurriendo a la racionalidad”.

Solo la cadena perpetua resuelve el espinoso asunto de la proporcionalidad del castigo, a la vez que respeta el derecho a la vida. He aquí unos datos dirigidos a los que se escandalizan ante la pena indefinida y a aquellos que rinden reverencial pleitesía a todo lo que lleva marchamo europeo. En la casi totalidad de los países europeos existe la cadena perpetua, aunque revisable, a partir de cierto número de años, cuyo monto varía según la nación. Revisable, sí,  pero ahí está dicha pena que no renuncia a su imponente nombre por su potencial utilidad en casos excepcionales. No cito, por sabido, a los EEUU, el país más democrático del mundo, en el que se encuentra la sede de Las Naciones Unidas, organismo donde se aprobó la DUDH. En Francia la cadena perpetua se impone en condiciones excepcionales y por delitos excepcionales: 519 reos se encontraban en prisión por esta pena en octubre de 2010; aunque, en realidad, solo cuatro pedófilos reincidentes están seguros de no salir con vida de entre rejas, a los que se le aplicó la llamada “perpetuidad incomprensible. También se  destina a los actos de terrorismo destinados a ocasionar masivamente la muerte y la destrucción. El 13 % de la población carcelaria en Inglaterra y Gales cumple cadena perpetua, a la espera que las autoridades establezcan que ya no son un peligro. En Italia 1.430 cumplen la misma condena. Y en Alemania contemplan la cadena perpetua revisable en casos de robo con agravante de muerte de la víctima.

La inapelable justicia cósmica, orden cósmico si así se prefiere llamarla, no obedece a ningún convencionalismo sino al determinante y exclusivo juego de fuerzas, y nosotros como parte integrante del universo estamos abocados irremisiblemente a seguir sus dictados. Hoy el clamor popular de un ingente número de “perturbados mentales”, a tenor de las lindezas de doña Elvira Lindo, es una fuerza con poder bastante para acabar imponiéndose en el orden social, aunque de acción retardada por la superior fuerza momentánea del Estado de Derecho.

 

 

                                  José Antonio Quiroga Quiroga

 

 

 

 

 

martes, 22 de octubre de 2013

El silencio de los pastores


La crisis económica es un lobo implacable que se está ensañando con la abatida masa de parados que caen como moscas. Pero las instituciones que nos pastorean: políticas, religiosas y de la información, guardan  silencio de muerte.

En el partido judicial de Tuy, que comprende los ayuntamientos de Tomiño, El Rosal, La Guardia y Oia, las estadísticas de suicidios, registradas en el juzgado nº 3 de dicha ciudad, desde que se consolidó la crisis en España, arrojan la escalofriante cifra media de dos a la semana; y superior registro en cuanto a separaciones matrimoniales. El mayor índice por edad se centra en la horquilla comprendida entre cuarenta y cinco  y cincuenta y siete años. Hace poco, un señor de Badajoz se precipitó a tierra desde la vía del tren del viejo puente internacional que une Tuy con Valença do Minho. Pero la prensa provincial ha callado la trágica noticia siguiendo las instrucciones dadas por el Gobierno de la nación sobre esta casuística. Al personal que trabaja en los juzgados  le está prohibido también ofrecer información sobre este dramático particular.

No quiero imaginar el fúnebre resultado de  extrapolar a toda Galicia la aterradora media de suicidios  en el Baixo Miño, y mucho menos el correspondiente al territorio nacional. No me anima a ello siquiera las triunfalistas declaraciones del señor Feijoo, presidente de la Xunta, que afirman que la economía de la comunidad autónoma gallega es la más solvente de España. 

Desde siempre, las instituciones, tan condescendientes en ocasiones desde su elevado estatus, mayormente las religiosas, no importa el credo, jamás le han reconocido al pueblo mayoría de edad para ser partícipe de la verdad. La trascendencia de su balsámica misión de procurar bienestar a las gentes les legitima para, bajo su superior criterio, ocultar o disfrazar todo aquello que a la frágil e infantil alma popular podría causarle traumas de insospechado perjuicio social. Sin embargo, nuestra falta de madurez intelectual y emocional, necesitada de tutela vitalicia cuales niños, no nos redime ni exime de la prosaica responsabilidad de trabajar todos los días y  de apechugar con las sanciones y penas administrativas que permanentemente nos amenazan.

Me alarmé al oírle decir al ministro de Hacienda, señor Montoro, que en esta travesía de la crisis ya se ve luz al final del túnel, pues pensé que se trataba de esa luz que dicen que se ve cuando se está en el trance de morir.

 

 

                                            José Antonio Quiroga Quiroga

jueves, 17 de octubre de 2013

El respeto como trinchera


 

¡Me estás faltando al respeto! replicó, incómodo y a modo de advertencia, un destacado miembro de la Cofradía San Telmo de Tuy  al ser preguntado si, tras la reunión de urgencia que dicha cofradía había celebrado ante la proximidad de la mancha de fuel  del Prestige  a la costa de La Guardia y el riesgo de extenderse por el río Miño, se esperaba acaso que el santo obrase el milagro de desviar  el chapapote de su trayectoria prevista y arribase entonces a la costa portuguesa. 

Es recurso muy socorrido zanjar debates que atañen a juicios o creencias personales apelando al respeto a las ideas propias ante la incapacidad argumental que justifique su sostenimiento.  Atendiendo a la definición académica de respeto: “Veneración, acatamiento que se hace a uno. Miramiento, consideración, deferencia” y a las acepciones que de ella se derivan, fundamentalmente: reconocimiento de la autonomía y derechos del individuo, queda claro que el respeto,  donde no opera la obediencia a la superioridad jerárquica,  se debe exclusivamente a las personas y a sus conductas, siempre que éstas no amenacen o lesionen derechos de terceros, pero en absoluto a sus ideas y doctrinas, cualesquiera que sean, en cuanto que son susceptibles de ser puestas en tela de juicio, razonadas y discutidas.

Hace poco, representantes de los trabajadores del Ayuntamiento de Tuy, reclamaron  de los grupos de la oposición municipal, a través de nota pública, respeto para el colectivo de funcionarios y contratados por haber debatido en pleno sus condiciones laborales, y considerar que  gozaban de ciertos  privilegios. Si no ha habido descalificaciones, y de la nota no se desprende que haya habido agravios, no cabe hablar de respeto en cuanto que  lo público soporta la servidumbre de estar sometido a crítica. Sin embargo, son perfectamente legítimos y saludables la  discrepancia de criterios y el contraste de pareceres entre las partes, trabajadores y partidos políticos, incluso   la formulación de quejas. Con la opaca invocación al respeto ¿pretenden, acaso, los servidores públicos blindarse al análisis y fiscalización de su actividad por parte de los representantes legales de los contribuyentes?

 “El respetable”, denominación coloquial con que se refiere el público que acude a un espectáculo, debe su origen no precisamente porque se haya ganado tal sobrenombre por sus juiciosas y fundamentadas opiniones, sino  simplemente porque  paga. Y al que paga por un servicio le asiste el derecho de criticar y  exigir.

La palabra respeto, concepto convencional a la vez que subjetivo, encierra todavía resonancias graves, casi sagradas, de cuando en origen representaba un umbral imponente cuyo traspaso podía significar la muerte del transgresor. Y, aunque  hoy día ha perdido solemnidad reverencial, la formalidad remanente resulta código útil a personas de exacerbada cuando no impostada dignidad para, cuando la razón no les asiste, cargarse de ella valiéndose de la ofensa  infligida  por la pretendida falta de respeto.
 
 
                                               José Antonio Quiroga Quiroga

 

 

sábado, 5 de octubre de 2013

Fea Panorámica


 

La modernidad no ha  deparado a Tuy más que vulgaridad urbanística y fealdad arquitectónica. Esta imparable barbarie plebeya, intrínsecamente política, que solo se detiene ante la arquitectura religiosa, está arruinando irremisiblemente el singular encanto y belleza que el enclave paisajístico y el casco histórico confieren a esta ciudad. El deterioro ambiental por acción y omisión está copando, de manera salpicada pero progresiva, la escena urbana. A fuerza de costumbre, lo grosero avanza imperceptiblemente  para la mayoría.

     De entre las numerosas construcciones de desafortunado impacto, demasiadas ya para una pequeña ciudad como para que no se resientan sus señas de identidad, valga como patrón de actuación las obras de rehabilitación y ampliación emprendidas por la Xunta de Galicia que convirtieron el edificio que anteriormente acogía el Instituto San Paio  en lo que hoy se denomina Área Panorámica.

 
 
 

 











            ¿Puede entenderse que el edificio de estilo neogótico, cuya primera piedra ha sido colocada el dos de junio de 1902,  que fue hospital de Tuy, posteriormente Instituto Laboral y de Enseñanza Media, y, finalmente, pomposa Área Panorámica, de penosa vista y pintoresco significado, no esté catalogado y carezca de protección urbanística alguna? ¿Máxime si molinos y hórreos, de más de cien años, gozan de protección integral y  radio de protección ambiental de 50 m a su alrededor?  ¿Y qué decir, si se toma como referencia comparativa la capilla de San Fins de Rebordans,  recogida en el PXOM (Plan Xeral de Protección Municipal) como patrimonio arquitectónico con  grados de protección D y F (se nota la mano del santo), construida no hace más de tres décadas, y cuyos faldones de cubierta, rematados con pizarra,  son forjados de hormigón que vuelan cual vivienda unifamiliar contemporánea? Para mayor infortunio,  tampoco dispone de  protección celestial por no ser arquitectura religiosa, aunque albergaba una capilla que las mencionadas obras de rehabilitación y ampliación no respetaron a pesar de existir cláusula documental de transmisión patrimonial que obligaba a su conservación.

 

 

                                       Capilla de San Fins de Rebordans
 

 
               Creo no equivocarme si achaco la desconsideración arquitectónica, que posibilitó el atentado cometido y que deja desprotegido el edificio, a la expresa voluntad de la Xunta de Galicia, propietaria del mismo, de tener las manos libres para hacer y deshacer a su impertinente antojo.

Está demostrado que la Administración, lejos de ser garantía de justo y correcto quehacer, es el mayor agente transgresor en cualquier ámbito de su actuación pública, y con el descaro propio que solo la insensibilidad e impunidad  proporcionan.

El atentado arquitectónico infligido al elegante edificio del antiguo hospital de Tuy, de proporcionada planta rectangular y dos patios interiores, no se limita únicamente  la inadmisible,  voluminosa y mal disimulada chepa que asoma, cual vergonzante anomalía física, sobre la armónica y discreta cubierta a cuatro aguas.  El nuevo  cuerpo de  ampliación que se proyecta hacia un espacio de amplia perspectiva,

 

Edificio del antiguo hospital de Tuy
 

 
destinado a ser más importante que la calle a la que da la fachada principal del edificio, además de no atenerse al principio de diferenciación formal, cuando se trata de inmuebles de marcado carácter e importancia, por respeto a la composición y estilo de la obra original y  al objeto de dejar clara constancia de las épocas constructivas, adolece de la anodina atonía y falta de personalidad propia de las fachadas sin vista. Todo cuerpo arquitectónico central y sobresaliente debe distinguirse por sus particulares características para así estar  a la altura  que su principal posición demanda.

Tampoco es de recibo en inmueble de tales características el empleo de carpintería de PVC en lugar de la de madera preexistente, sin embargo exigida en inmuebles domésticos. Aporto fotografía que muestra la riqueza ornamental de la puerta  de entrada al  edificio antes de las mencionadas obras de rehabilitación.



 

                                          Puerta de entrada al edificio de
                                            cuando era Instituto Laboral
 

Viendo cómo se va desarrollando la parte nueva de la ciudad y cómo lo ha hecho la antigua, para no caer en la desesperanza y en el feismo, no valen los rezos sino verdadero compromiso con nuestro destino y menor pasión política.

 

NOTA: El arquitecto autor del proyecto de Rehabilitación y Ampliación del área Panorámica, es el mismo que rehabilitó el edificio situado en la calle Calvo Sotelo de Tuy, colindante por la izquierda con el del antiguo casino. Ambas obras se ejecutaron en fechas muy próximas. Desconozco si en la contratación del proyectista del Área Panorámica, participó un destacado político de la localidad, copropietario, en aquel tiempo, del  inmueble de viviendas.



                                                  José Antonio Quiroga Quiroga