lunes, 10 de agosto de 2026

La transmutación de la Plaza de la Armada

         Se entiende por plaza, fundamentalmente, a un espacio vacío, delimitado por edificios. Tras la artificiosa y muy desafortunada  intervención municipal en la Plaza de la Armada de Tuy, se puede decir que ya no hay plaza, existe de pensamiento y de palabra, pero no de obra. El espacio ha sido troceado en pequeñas áreas con diferentes elementos de modo que, prácticamente, no hay vacío aprovechable. El resultado, por error de concepto o ausencia de él,  responde a una deslucida pretensión de  parque más  que a una plaza.


Plaza de la Armada anterior a la intervención municipal



Plaza de la Armada en la actualidad

        Por supuesto que una actuación banal como la ejecutada contradice el relato que figura en el cartel de obra: “VIVE A HISTORIA, DESCUBRE TUI”; “CONEXIÓN SOSTIBLE ENTRE PATRIMONIO E NATUREZA”. Es evidente que la obra no pertenece a la historia  ni se adecúa a los patrones ambientales propios del contexto histórico en que se encuadra, ni descifra  el consabido e incomprensible mantra: “conexión sostible”; una vez que se ha matado la identidad del lugar al descuartizar el carácter sobrio y unitario característicos de un ámbito medieval. En el espacio de la antigua plaza coexisten un catálogo de conceptos discordantes y dispares: un crucero; dos árboles, con  amplios alcorques circulares con plantitas; un retal ajardinado en la proa; dos escaleras de acceso; un amago de grada en ángulo pero con insolente presencia e impacto, con un primer nivel de asiento y el segundo de tumbona (?) granítica corrida,  cuyo masivo e inclinado respaldo sobresale abruptamente de la rasante en forma de muro bajo; un banco residual de diseño, de asiento muy bajo, y tres taburetes cúbicos de piedra; y una batería de seis contenedores de la basura a modo de guarnición en el flanco de calle.


   

        La autonomía en licencias de obra que el PEPCHA ha dotado a los gobiernos municipales es una facultad que entraña riesgo patrimonial, si bien la Consellería de Cultura tiene reservada la tutela en determinados casos, ya que las corporaciones no suelen tener la formación y sensibilidad mínimas necesarias,  y las ordenanzas no cubren todas las circunstancias. Desconozco si esta obra tiene la conformidad de  Patrimonio Histórico, organismo al que no reconozco mayor autoridad ni coherencia, de ahí que nada me impide calificarla: además de innecesaria,  impropia y descontextualizada, es atropello urbanístico, un atentado al espíritu del lugar y a la identidad histórica local.


  
           



        Acepto que el gobierno pague a una gestoría especializada en tramitar proyectos financiados con fondos pospandemia Next Generation, y celebro las cantidades económicas conseguidas, pero ello no justifica  que los proyectos presentados no contemplen  necesidades estructurales vitales y solo atiendan a aspectos de orden estético que, además de controvertidos y de  carecer de beneficio concreto reconocible, causen molestias, perjuicio comercial y  diluyan la identidad histórica.

 

                                        José Antonio Quiroga Quiroga