Se entiende por plaza, fundamentalmente, a un espacio vacío, delimitado por edificios. Tras la artificiosa y muy desafortunada intervención municipal en la Plaza de la Armada de Tuy, se puede decir que ya no hay plaza, existe de pensamiento y de palabra, pero no de obra. El espacio ha sido troceado en pequeñas áreas con diferentes elementos de modo que, prácticamente, no hay vacío aprovechable. El resultado, por error de concepto o ausencia de él, responde a una deslucida pretensión de parque más que a una plaza.
Por supuesto que una actuación banal como la ejecutada contradice el relato que figura en el cartel de obra: “VIVE A HISTORIA, DESCUBRE TUI”; “CONEXIÓN SOSTIBLE ENTRE PATRIMONIO E NATUREZA”. Es evidente que la obra no pertenece a la historia ni se adecúa a los patrones ambientales propios del contexto histórico en que se encuadra, ni descifra el consabido e incomprensible mantra: “conexión sostible”; una vez que se ha matado la identidad del lugar al descuartizar el carácter sobrio y unitario característicos de un ámbito medieval. En el espacio de la antigua plaza coexisten un catálogo de conceptos discordantes y dispares: un crucero; dos árboles, con amplios alcorques circulares con plantitas; un retal ajardinado en la proa; dos escaleras de acceso; un amago de grada en ángulo pero con insolente presencia e impacto, con un primer nivel de asiento y el segundo de tumbona (?) granítica corrida, cuyo masivo e inclinado respaldo sobresale abruptamente de la rasante en forma de muro bajo; un banco residual de diseño, de asiento muy bajo, y tres taburetes cúbicos de piedra; y una batería de seis contenedores de la basura a modo de guarnición en el flanco de calle.
La autonomía en licencias de obra que el PEPCHA ha dotado a los gobiernos municipales es una facultad que entraña riesgo patrimonial, si bien la Consellería de Cultura tiene reservada la tutela en determinados casos, ya que las corporaciones no suelen tener la formación y sensibilidad mínimas necesarias, y las ordenanzas no cubren todas las circunstancias. Desconozco si esta obra tiene la conformidad de Patrimonio Histórico, organismo al que no reconozco mayor autoridad ni coherencia, de ahí que nada me impide calificarla: además de innecesaria, impropia y descontextualizada, es atropello urbanístico, un atentado al espíritu del lugar y a la identidad histórica local.
José Antonio Quiroga Quiroga