miércoles, 6 de agosto de 2014

Aquí, "a nosa beira" Vilanova de Cerveira




Apenas  uno pone los pies fuera del municipio de Tuy te sorprende el desarrollo urbanístico de buena parte de los pequeños ayuntamientos del entorno que hace poco no eran casi nada y no tenían prácticamente equipamiento urbano alguno. Te percatas entonces de la parálisis y del atraso en que  se encuentra sumido el lugar en el que has nacido y amas, y te preguntas, ¿qué pasa?, ¿bajo qué maleficio  vive esta antigua capital del reino de Galicia, hoy reducida a cabecera de comarca, situada en un enclave de privilegio y con superiores condiciones de partida, para sufrir esta penosa petrificación?   Y compruebas que  lo poco que ha cambiado ha sido siempre para peor: a partir de la alineación edificatoria del Paseo de la Corredera hacia el Oeste apenas hay algo que se salve de la vulgaridad, del desorden, de la fealdad reinante. Solo la parte antigua y más vieja de la ciudad le rescata de ser un poblacho más sin personalidad, hacia el que camina imperturbable, aunque, con relativa fortuna, a paso lento. De inmediato surge la inevitable comparación y te invaden sentimientos de amor propio herido, de decepción, de tiempo perdido,  y de desesperanza, pues sabes que, invariablemente, elección tras elección, una mayoría inconmovible, que parece quererle más a un determinado partido que a su municipio, que a su ciudad,  entrona, con  fanática obstinación, gobiernos  cada vez peores, mayormente de iletrados, fiándolo todo a las siglas partidarias con fe propia de mártires. Del conformismo urbanita podría decirse que nada parece importar con tal de que la catedral y el Paseo de la Corredera permanezcan en su sitio.
Las importantes  carencias en infraestructuras y servicios, tras muchos años de política menuda basada en el parcheo, el cultivo del favor personal y el control  de toda asociación vecinal, acorde con la capacidad y categoría de los regidores,  pero muy rentable electoralmente,  han hipotecado el futuro de Tuy hasta el punto  que la situación a día de hoy es de ahogo y sin salida a medio plazo. La incapacidad inversora de los gobiernos habidos, por falta de ideas y proyectos, se disfraza  de buena gestión alardeando de  superávit de tesorería de dos millones de euros: dinero fácil proveniente de los impuestos por licencias de obra durante el boom inmobiliario. Los ayuntamientos no son  entidades de ahorro sino de inversión. La ciudadanía  paga impuestos  para que  la Administración les proporcione servicios, no para que sean depositados en un banco para beneficio de la entidad.
Hoy más que nunca, toda la labor municipal se vuelca en la actividad de escaparate, en mantenernos ilusionados con el pomposo señuelo de la Eurociudad. De momento, y nada invita a pensar que en el futuro dé más de sí,  la Eurociudad Tuy-Valença  no va más allá de algún evento cultural y mucha prueba deportiva; eso sí, ya sea de trial o campo a través, siempre con salida o final en el salón-pasarela de todos los tudenses: el Paseo de la Corredera. Así de pequeño es Tuy. Nada importan el perjuicio comercial y las molestias que causan las calles cortadas y la prohibición de aparcar en ellas con antelación y durante la celebración deportiva.

En Portugal, a unos quince kilómetros de Tuy, se encuentra Vilanova de Cerveira: “a vila das artes”, municipio con población total de 8.800 habitantes. Un espejo en el que mirarse. Cautivan al instante la ordenación urbanística, que articula con armoniosa frescura modernidad y antigüedad  arquitectónicas, la apertura de espacios ajardinados, la limpieza y, dada la reducida dimensión urbana, el equipamiento cultural y de ocio: Fórum Cultural, que incluye un museo, Escuela Superior de Arquitectura, Auditorio al aire libre, Centro de teatro y cine, piscina cubierta, amplia área de aparcamiento en superficie, eco pista y un espléndido y bien equipado parque, de cuyas características y atractivo hablan con elocuencia las imágenes siguientes:





























Pista de skate

                                    



  Pabellón de velocípedos para usuarios del parque






         También es admirable el elevado grado de implicación ciudadana, en todo tiempo, en  el decoro e imagen de la villa. Valga como ejemplo de ilusión y creatividad la inmensa labor de ganchillo, realizado por  “velhinhas da vila”, destinado a ornamentar todo objeto que forma parte de la escena pública para ambientación de las “Festas Concelhías. El trabajo de campo, de revestimiento de árboles, señales de tráfico, balcones, fachadas de edificios, etc., corrió a cargo de las mujeres jóvenes, al que se sumó  la particular aportación decorativa de establecimientos comerciales.




















Fachada del Ayuntamiento decorada con cenefa de ganchillo







































Señora con paraguas recubierto de ganchillo

























Llama la atención estilo de fiesta Cerveirense por la gratificante placidez de la misma, no exenta de la animación que aportan la gente congregada en una amplia plaza atraída por las actuaciones músico-folclóricas, gracias a la ausencia de megafonía. De esa megafonía machacona de tómbola ratonera, de la que no hay manera de escapar, tan típica de la fiesta de San Telmo de Tuy, trufada de perturbadora publicidad comercial que la convierte más en una ruidosa feria que realmente en una celebración. 

Otro interesante capítulo de los reclamos de la villa es el de los precios de la hostelería. He aquí una consumición servida en terraza en día de fiesta: dos cafés cortados (2 pingos), 1,40 euros; un agua tónica, 1,30; y un cerveirense (pastelito de hojaldre relleno de crema), 0,80. Total, 3,50 euros.





                         


El legado histórico cubre de dignidad la espalda  de los tudenses. Pero la desnudez del presente ha hecho que los espíritus románticos busquen refugio en el pasado con la mirada vuelta hacia atrás.



                        José Antonio Quiroga Quiroga












martes, 15 de julio de 2014

Ciudad de pocos habitantes y algunos menos ciudadanos


 

 Las ciudades de pocos habitantes son como  aristócratas venidos a menos, fuera de escena al quedarse sin hacienda. Encalladas en el tiempo, conservan imagen y atributos de vieja nobleza, y apelan a su pasado para sobrellevar con  irrenunciable dignidad  sus marchitas realidades. Sin embargo, aunque reivindicativas de antiguos fueros, sus gentes suelen dormitar plácidamente sobre almohadas de rancios laureles.

Tuy urbe es ciudad por relevancia histórica, pero no en razón al número de habitantes, alrededor de 7.000. Tampoco lo es, claro, por economía o entidad política. Su identidad milenaria, patrimonio arquitectónico y bello emplazamiento fronterizo no han sido, hasta ahora,  salidas de desarrollo para que,  la que fuera capital del antiguo reino de Galicia, salga del enquistado raquitismo que la atenaza. Un raquitismo sin esperanza porque la cortedad de horizontes expulsa de su cuerpo a la mayoría de la gente más preparada. Y enfermizo, porque difícilmente puede superarse si se retroalimenta aceptando y eligiendo, con perseverancia conservadora, resignación cristiana y fidelidad partidaria, a personas de lo más corriente: de vida gris, sin talla ni currículo alguno como timoneles de su destino. Esta particular idiosincrasia  solo cabe interpretarla en clave mística: pleitesía a unas siglas y fe en que el santo patrono los guiará a buen puerto. Pero San Telmo hace ya mucho que no ejerce, porque Tuy hace otro tanto que no navega, sigue varada a orillas del Miño, al que ha dado la espalda. Todavía no ha llegado el tiempo en el que un no creyente sea elevado a los altares del gobierno municipal en esta pequeña ciudad de estructura medieval.

Si estadísticamente  no es probable que surjan líderes valiosos en localidades de pocos habitantes, todavía menos cuando en las mismas hay déficit de ciudadanía. Entendida ésta en el sentido moderno de ciudadanía activa, que hace referencia a aquella que, consciente de su pertenencia a una comunidad local participa en áreas de la vida social y/o los asunto públicos; en contraposición a la ciudadanía pasiva que consideran las cuestiones políticas como algo lejano y extraño a sus intereses. Del déficit de ciudadanía activa en Tuy, y ni siquiera tanto, aunque previsible, tuve constancia en los días de recogida de firmas en contra de la ubicación del nuevo Centro de Salud. Lo sorprendente, a la vez que decepcionante, fue la reacción de ciertas personas de las que, por su formación y relieve social, esperaba mejor acogida. Valgan como ejemplo de falta de compromiso dos elocuentes respuestas: una, de persona profesional de la abogacía: “no, gracias, ya hace mucho que dejé de comprometerme con nada”; y dos, de persona empleada en la radio municipal: “lo siento, pero yo he decidido no firmar nada relacionado con Tuy”; quizá porque considera suficiente comprometerse solo de palabra por aquello de que las palabras se las llevan las ondas, y a la velocidad de la luz. Pocas esperanzas cabe albergar de mejorar la situación si al desafecto individual de la ciudanía se suma el de las colectividades. Ante la asfixiante carencia de cruciales dotaciones para el comercio y desarrollo de esta ciudad, no entiendo el silencio de la nueva directiva de Acitui, cuya hoja de ruta, aparte de la ruta de la empanada,  se puede resumir así: un globo, dos globos, tres globos; un logo, dos logos…

Tuy se encuentra en una situación de ahogo insostenible, de retroceso comparativo respecto de municipios limítrofes. Y de muy difícil salida, tras veinte años de política de calderilla, de atención a lo menudo  y de despreocupación, por falta de visión, por la planificación y ejecución de infraestructuras, que ha quedado patente en los  dos planes de urbanismo, que no merecen tal nombre en cuanto que se centraron exclusivamente en la edificabilidad  de viviendas.  En ninguno hay proyecto de ciudad. No se contemplaron aparcamientos, espacios de convivencia (plazas, parques, recinto de fiestas), reserva de suelo para edificios de servicios: juzgados; centros sanitarios (el nuevo Centro de salud es el ejemplo más acuciante); educativos; administrativos (policía nacional y local, incluso la propia Casa Consistorial); estación de autobuses, etc. Ni siquiera la muy necesaria apertura de la cabecera de la calle Orense, eterna promesa, tiene trazas de ser ejecutada.

 Qué decir del eterno olvidado y abandonado casco histórico, (y el Teatro Principal, del que el gobierno ni la oposición se acuerdan), por más que representa la identidad de Tuy, condenado, quién sabe por cuánto tiempo al progresivo deterioro, puesto que se han perdido todos los trenes de las ayudas europeas al no haberse redactado en tiempo un plan de protección.

No soy hombre de rezos ni exhortaciones, que todo es lo mismo, pues no se ruega a los cielos, que no oyen, sino a uno mismo y a la colectividad en que se vive,  pero sí de dedicatorias cuando hay motivo. Y, concerniente al decrépito casco histórico,  he aquí la dirigida a Antonio Feliciano (Fdez. Rocha), a su escuela y aventajado discípulo, tomada de la letra de  una canción de otro Feliciano, José Feliciano, ciego también como el primero, pero con ojos para percatarse del estado de su pueblo: “pueblo mío que estás en la colina (de piedra), tendido como un viejo que se muere…”

Qué será, qué será, que será... Que será de Tuy, es fácil adivinarlo.

 

 

                             José Antonio Quiroga Quiroga

 

 

 

viernes, 6 de junio de 2014

El nuevo Centro de Salud deTuy


El controvertido emplazamiento del nuevo centro de salud es enredo de repetidos despropósitos y contrariedades. El último contratiempo, aunque menor, son determinados incumplimientos de normativa del proyecto presentado para licencia de obra. Uno de ellos corresponde a los servicios higiénicos de uso público, con dimensiones inferiores a las mínimas exigidas; aunque esta deficiencia se debe a que el proyecto fue redactado con anterioridad a la recientemente modificada ley de accesibilidad y supresión de barreras arquitectónicas. Pero el más sorprendente, porque no tiene explicación lógica, es la ausencia de plazas de aparcamiento, que la norma de aplicación exige  una por cada 80 m2 construidos.  No cabe achacar la falta de una planta de sótano de aparcamiento, servicio básico y fundamental en la distribución organizativa y  funcionalidad de un centro de salud, al desconocimiento profesional u olvido del técnico redactor del proyecto, sino atribuir dicha carencia a una estrategia de explotación comercial del necesario aparcamiento en el subsuelo del área municipal aneja.
Para quitar importancia al asunto el alcalde declara que el Sergas dispone de diez días para subsanar las deficiencias. Plazo que no tiene  mayor trascendencia, al margen de la imposibilidad de su cumplimiento, en cuanto que, de no presentarse las correcciones en tiempo, se considera desistida la petición de licencia, se paraliza ¿? el expediente y se declara la caducidad a los tres meses. El Sergas solucionará fácilmente el problema de mínimos ubicando las 38 plazas exigidas en la superficie libre de solar sobrante, o echando mano, si fuera preciso, del terreno perteneciente al Área Panorámica. Pero este recurso no es medida satisfactoria siquiera para cubrir las necesidades logísticas de aparcamiento del centro y del personal adscrito. Sospecho, pues, que esta inexplicable deficiencia responde al interés particular de la empresa que construya el aparcamiento subterráneo en  garantizar la rentabilidad de la explotación asegurando un fijo de clientes de entre los trabajadores del centro y los usuarios del mismo.
Si el centro de salud se construyese en lugar menos céntrico y en terreno de superficie abundante, se obtendría la ventaja, además de la de construir un parque ajardinado sin perjuicio de que se construya un aparcamiento en el subsuelo, de que se liberarían plazas de aparcamiento de las calles del entorno del actual aparcamiento municipal que necesariamente ocupan a diario los numerosos usuarios de dicho centro, y quedarían libres para aquellos que acuden al centro para realizar gestiones y compras. Resulta chocante, al tiempo que frustrante, la aparente indiferencia de la renovada Asociación de Comerciantes, un globo, dos globos, tres globos, ante un proyecto, de consecuencias negativas irreparables, que rechaza una incontestable mayoría de ciudadanos  representada por 2.000 firmas de un muestreo de aproximadamente 2.500 consultas sobre un total de 17.000 habitantes.




En demagógicas palabras del responsable de hipotecar Tuy,  cercenando la anchura de la Avda. de la Concordia al adelantar la línea de edificación,  de frustrar la posibilidad de ensanchamiento de la calle Colón,  y del doblemente quebrado  trazado y  estrangulamiento de la calle Hnos. Maristas (“fue el aparejador municipal que se equivocó al dar la línea”), dos mil firmas de rechazo distan mucho de las necesarias 8.500  para considerarse “clamor popular”. No satisfecho con su abrumador palmarés urbanístico, pretende redondearlo ahora, y de paso dar satisfacción a su antigua pretensión, luego desbaratada, de construir un edificio (de viviendas) en el solar de la antigua plaza de abastos (aprobación inicial del PGOU), con su decisivo apoyo (cuatro votos del total de seis) en favor de que el nuevo centro de salud se construya en la  estrecha y congestionada calle de Casal Aboy. 




Ese acuerdo plenario, tomado en consideración de seis votos favorables de dos grupos de la oposición,  de siete abstenciones del grupo de gobierno (aunque  manifestando que no le gusta el lugar) y cuatro en contra de los otros dos grupos restantes  de la oposición, sí que no es representativo, queridísimo ex. Pero ahí está, y camina, por derrotero equivocado, con paso decidido. El hecho de que el gerente del Sergas acepte una demora de siete meses para que el Ayuntamiento ofrezca mejor ubicación, o que la subdirectora de Investimento diga que la licitación la obra no es obstáculo para rectificar si hay voluntad política,  no va a ser oportunidad que quiera aprovecharse.  Esta decisión, de escaso respaldo, no se toma para beneficio de Tuy, sino para particular del alcalde, pues de  lo que se trata es salvar un mandato irrelevante  vacío de contenido, acorde con la personalidad del regidor; pues no en vano ha dicho: “lo importante, es  que se haga el centro de salud”, como si alguien pretendiera lo contrario.
       Este gravoso enredo para las arcas municipales, comienza con una desafortunada, en lo económico y en su fin,  permuta de terrenos del Ayuntamiento por un solar en Cam Fran con un edificio que, lejos de ser una ventaja, resultó una carga insalvable porque sus características estructurales no se adaptan para albergar un centro de salud moderno. Tampoco la parcela que lo alberga tiene superficie suficiente según manifestación del Sergas. Continúa con otra  desventajosa permuta de terreno municipal residencial por parte del terreno colindante con el actual ambulatorio, valorado en 520.724 euros; la compra del resto de terreno por 354.402 euros; y el derecho de vuelo (superficie construible restante sobre otra existente) correspondiente a un bajo con fachada a la calle Camilo José Cela, por valor de 83.952 euros, con el compromiso contractual de abonar al propietario del bajo la cantidad de 60 euros por cada día que transcurra, a partir de la fecha 19 de marzo de 2014, sin que las obras de ampliación de dicho ambulatorio hayan finalizado. Esta operación resultó estéril ya que el Sergas, con buen criterio, rechazó construir encima de una propiedad ajena. Y termina, para infortunio de la ciudad, con la decisión de llevar adelante un pobrísimo acuerdo plenario, en el cual el gobierno hizo dejación de funciones al abstenerse,  de construir el centro de salud en la  estrecha calle de Casal Aboy, saturada de tráfico por concentración de servicios: Área Panorámica, Centro Social, Escuela Infantil, Instituto de Enseñanza Secundaria, Escuela de Idiomas, Oficina de Empleo, supermercado Froid y, muy cerca, la Plaza de Abastos.
   ¿Qué fatalidad se cierne sobre Tuy para que su destino esté últimamente en tan torpes y perniciosas manos? 

                                            José Antonio Quiroga Quiroga

NOTA: Espero que este escrito, y sucesivos, no aparezcan en la página de Facebook de la que me he ido gracias a un providencial empujoncito de ánimo.

martes, 1 de abril de 2014

Cuatro reflexiones aforísticas de la casa



1.- Acerca de la terrorífica amenaza-castigo de la pena eterna, del inextinguible fuego del infierno, y del llanto y crujir de dientes,  que tanto aflicción causó en la no lejana época de apocalipsis religiosa, y que todavía sobrecoge a las almas cándidas, a pesar de que Benedicto XVI haya dicho que ya no existe, aunque no dudo que tuviese utilidad social en tiempos de barbarie  para frenar la misma. Así que, “queridísimos hermanos” tranquilos todos, el infierno es una monstruosa mentira.

              PENA ETERNA: En justicia, únicamente cabe aplicar la pena eterna en correspondencia a un daño infinito. Y solo un dios tiene poder para  cometer daño  incalculable y capacidad para soportar  castigo inacabable.

2.- Sobre la recurrente apelación pública a la tranquilidad de conciencia de los imputados como recurso exculpatorio, de evocación religiosa en cuanto que se interpreta de manera sobrentendida como la voz de dios.

 LA VOZ DE LA CONCIENCIA: La conciencia no tiene voz audible. Quienes en descargo de responsabilidades apelan a lo que supuestamente les dice la suya, saben que ésta no puede desmentirles.

 3.-  Relativo a la perversa exhortación a ofrecer sacrificios a los dioses para remedio de males y maldiciones, vigente hoy día en mayoría de romerías, propia de hechiceros, al margen de los atavíos propios de cada cultura, se trate de taparrabos, sotanas, o cualesquiera hábitos.

 PENITENTES: Lástima de pobres gentes, de aciaga existencia y fe ciega, que les han hecho creer que es justo y necesario añadir más calvario a sus ya desgraciadas vidas, mortificando penosamente su cuerpo para  tratar de obtener la conmiseración de los cielos.

 4.- Tocante a la falta de dignidad y escrúpulos que ha desembocado en la galopante  corrupción que nos acorrala y asuela hoy día.

 DEGRADACIÓN: Si al final de nuestras vidas todos acabaremos biológicamente degradados, por qué, entonces, degradarse en vida.




                             José Antonio Quiroga Quiroga

jueves, 6 de marzo de 2014

Remar en contra




Hay cariños que no matan pero sientan como una bofetada. Ejemplo de este paradójico y enigmático sentimiento es el mostrado por el conductor del programa “Escoita Deporte” de la Radio Municipal de Tui, en reciente entrevista al presidente del club Kayak Tudense, en  dos preguntas-sugerencias formuladas, claro, “desde el cariño”: “Si un equipo que es puntero no puede, por cuestiones económicas, seguir estando en el máximo peldaño, a lo mejor hay que empezar a pensar en bajar algún peldaño”; ¿Te das cuenta que a lo mejor, que a la gente de Tui o más allá, a la gente de Pontevedra o de Galicia, le da igual que el Kayak Tudense sea campeón de España?

Es tal la insolencia y carga de negatividad de esa andanada de afecto, defendida en Facebook por el director del ente con una explosión de prepotencia:” mentres eu poida nesta emisora os locutores preguntarán o que lles pete”, que ante este tipo de amor hay que ponerse en guardia y tener bien presente en qué escalón social y profesional está la fuente de la que emana, pues la admiración y la envidia caminan de la mano. Diría que a fuerza de retransmitir plenos al director de RMT se le pegaron los malos modales que los gobiernos municipales, refractarios a toda crítica, exhiben constantemente como demostración de poder. Cuán elegante, sencillo y bien acogido sería un ejercicio de humildad disculpándose por  lo que ha sido una intervención desafortunada. Se le ha sugerido, pero no, se enrocó en el aborrecible “sostenella e no enmendalla”, argumentando, eso sí, siempre “desde el respeto y la admiración”, que el entrevistador pregunta sirviéndose de reflexiones que no tienen por qué coincidir con sus propias opiniones y que el entrevistado tiene la oportunidad de contestar lo que crea oportuno. Dando por buena esta explicación, al tiempo que  gracias por la impagable oportunidad de propinarle un  revolcón al entrevistador, cabe preguntar, ¿De qué fuente ha sacado, y a quién corresponde la reflexión de que , a lo mejor, a la gente de Tui, Pontevedra o Galicia, les da igual que el club Kayak Tudense sea campeón de España? Está claro que es una hipótesis, tan gratuita como impertinente. Formulada, no desde el cariño, sino desde la mala baba.

No puede dejar de sorprendernos que unas personas, que un club, con campeones del mundo en sus filas, que sostiene y mantiene con asombrosa regularidad muy alto el pabellón tudense y  lo proyecta internacionalmente, que tanta autoestima y orgullo insufla a los tudenses, sea merecedor de palabras intrínsecamente desalentadoras y  de insuficiente respaldo económico por parte de la Administración pública, máxime cuando a diario mal se administran ciertos dispendios. ¿Qué clase de política es la que consiente que estos deportistas de élite tengan que sufrir largos desplazamientos en furgoneta y rascarse el bolsillo para costearse el alojamiento y comida? ¿Qué  representan la cicatera subvención de doce mil euros del Ayuntamiento y de cinco mil de la Diputación comparados con los 250.000 librados por este organismo para rematar las obras de acondicionamiento del  campo de Futbol de Caldelas? Ahora que el alcalde de Tuy es diputado provincial, le requiero a que se involucre con semejante determinación, aunque no tanta, en buscar financiación para el club Kayak, como también le insto al concejal de deportes, como la que empleó para dicho fin, pues, como se sabe, se atrevió a desconsiderar los informes negativos de la secretaria e interventor que advertían de la irregularidad de duplicidad de pagos en tales obras, decisión que le valió ser denunciado ante  la Fiscalía  Provincial.

Cuesta entender que quienes  propinan palos a la excelencia, en este caso deportiva, y dan jabón a la vulgaridad política, se defiendan de las críticas refugiándose en el victimismo.



                                     José Antonio Quiroga Quiroga

miércoles, 26 de febrero de 2014

Tuy, Eurociudad


                                                



El rimbombante sobrenombre, Eurociudad, o ciudad de ciudades, es una etiqueta de conveniencia, de reciente creación, cuya diferencia respecto del clásico y candoroso hermanamiento está en que se establece formalmente un protocolo de cooperación y que conlleva mayor compromiso en los objetivos, pero, en todo caso, es un convenio de similar  alcance. Por ello, para empezar, obliga a las partes a aportar al proyecto común una cantidad anual. En el caso de la eurociudad Tuy-Valença cada ayuntamiento aporta 50.000 euros.  En España existen la eurociudad  Vasca, Bayona-San Sebastían, constituida hace veinte años, con el objetivo de agrupar  a las ciudades a ambos lados de los Pirineos que comparten la misma lengua; además de la de Ayamonte y Verín-Chaves.

Suena redundante dentro de la Comunidad Europea llamar eurociudad a simples cofradías de ciudades de distintos países; a la vez que, y sobre todo, pretencioso, en cuanto que tal nominación conlleva la engañosa presunción de altos estándares de calidad de vida. Tuy es, lamentablemente, ejemplo de cuán ilusorio resulta tal suposición. Bastan algunas elocuentes imágenes tomadas en el mismo  corazón de nuestra “flamante eurociudad”.





 


    





            


Al margen del postinero título de eurociudad, Tuy es, esencialmente, ciudad milenaria,  si bien sus señas de identidad están en franca regresión ya que, por falta de peso político,  camina lastimosamente hacia el prosaico destino de pueblo, más o menos grande. La causa matriz radica en que una mayoría ciudadana es muy poco o nada exigente a la hora de elegir a sus representantes, quizá porque todo lo encomienda a la providencia, llámese ésta Diputación, Xunta, Apóstol Santiago o Altísimo.  Así vemos como, elección tras elección, el nivel de los corporativos empeora hasta el alarmante  extremo de que, en la actualidad, nuestro futuro está  en manos de un gobierno compuesto en buena parte por alguaciles, por mandados sin cualificación, sin ideas ni capacidad de iniciativa para gobernar una ciudad. Una de las graves consecuencias derivadas de gobiernos vulgares, por irreversibles, son los desastrosos planes de ordenación urbana, encargados, para mayor infortunio, a un no urbanista mercenario  del partido habitual en el gobierno, y que, entre otros destrozos, han estrangulado las dos principales vías de penetración a Tuy, la C/ Colón y la Avda. de la Concordia. Planes desestructurados, a mayores del funesto aplazamiento del Plan de Protección del Casco Histórico, que no han ordenado algo tan fundamental como la  previsión y distribución de espacios para equipamiento urbano: edificios administrativos, de servicios y lugares de convivencia. Esta oscura perspectiva de carencia de espacios ha sido empeorada al haber vendido el Ayuntamiento todo el suelo proveniente de la cesión del 10% de los aprovechamientos urbanísticos tipo de las Áreas de Reparto y PERIs, en lugar de  reservarlo para dichos fines.

Con estrecheces e improvisación se acondicionó un bajo para  el juzgado nº 3, y con apreturas se ubicó la escuela infantil. Hoy nos enfrentamos al problema de emplazamiento del Centro de Salud prometido. Si no se remedia, se levantará en el actual aparcamiento municipal, cuyo entorno inmediato concentra excesivo tráfico por  acumulación de servicios, a saber: Área Panorámica; Instituto de Enseñanza Secundaria y Escuela de Idiomas; Escuela Infantil; Pabellón deportivo; Centro de la Tercera Edad; un Supermercado y Plaza de Abastos.

Analizando la planificación con perspectiva de futuro se concluye que el Centro de Salud deber construirse en lugar tranquilo y de acceso despejado, y el área ocupada por el aparcamiento municipal, por su centralidad, es el lugar ideal para construir un parque para descongestión y esparcimiento, pues Tuy, como toda ciudad que se precie, necesita tener uno. A este respecto un grupo de particulares comprometidos con el destino de nuestra ciudad, han emprendido una campaña de recogida de firmas (yo ya he firmado) a favor de un parque en dicho lugar y en contra del emplazamiento previsto para el Centro de Salud.

Queda por resolver la dotación de un aparcamiento general. Además de que es perfectamente compatible un aparcamiento en el subsuelo del parque, propongo, a mayores, la construcción de uno en plantas escalonadas en los terrenos ocupados por las piscinas municipales y áreas deportivas del Casino, con entrada por la Avda. de la Concordia. Esta solución, de ejecución sencilla, permite la cobertura vegetal de su superficie, la instalación de pistas, y posiblemente la ubicación de una piscina.

Vean, para ilustración, el gusto  marujón por lo menudo y fracionado, de nuestros gobernantes y su concepto de zonas verdes en las siguientes imágenes, que impiden la instalación de terrazas, y luego se instalan en la calzada, y, por el contrario, las actuaciones de la otra media naranja de la eurociudad:

     


      


     



       


                                              PARQUE EN VALENÇA



                                     






                                                                                              

En los últimos veinte años el Ayuntamiento de Tuy  gastó, actualizando importes, del orden de 180 millones de euros; 30 mil millones de las antiguas pesetas, y salvo la red de alcantarillado en las parroquias, financiada prácticamente en su totalidad con fondos europeos, pues no en vano es exigencia europea disponer de este servicio para conceder licencia de construcción, no se puede decir que nuestro municipio haya experimentado cambio perceptible hacia mejor. Diría que permanece varado en el tiempo, y que los gobiernos habidos trabajaron como el motor de un vehículo en constante régimen de ralentí, que consume todo el combustible que se le proporciona pero que no se mueve.

Confío, pues, que la constitución de la eurociudad Tuy-Valença, con el mismo grado de  incertidumbre con el que se expresó el Gobierno gallego, “que  confía que pueda atraer fondos de la Unión Europea”, sirva para algo más que para organizar conjuntamente cabalgatas de reyes, eventos lúdicos-folclóricos, posar para la prensa  y  afianzar en el error   a Faro de Vigo de que Tuy es ciudad transfronteriza, y no fronteriza, ahora que la ciudad de ciudades nos sitúa a caballo de dos países. De momento, salvo intervención sobrenatural lo único que trasciende, que traspasa la frontera, que tiene  proyección internacional hasta la otra orilla del río Miño, son los conciertos entre ambos municipios.



                                    José Antonio Quiroga Quiroga  





ROGATIVA: Te suplico Señor, que sientes en el banquillo de la oposición o, mejor aún, despidas a este Moisés tuercebotas y pongas en el puesto a alguien competente. Eso sí, Señor, a título de oportunidad, y aunque solo sea por una vez, que el elegido no sea de Tú partido.

lunes, 27 de enero de 2014

Bendito tráfico de influencias


           


 


San Benito sorteó hábilmente el aprieto moral en que se vio cuando un carretero, que estaba tratando de reparar su carro al costado del camino, le pidió ayuda divina, contestándole: yo rogaré a Dios, pero tu entretanto da con el mazo (origen del refrán popular, un tanto descreído, “a Dios rogando y con el mazo dando”; la versión inglesa, más pragmática e irónica, reza así: “ God helps those who help themselves”, es decir,“Dios ayuda a aquellos que se ayudan a sí mismos”.
           La súplica del carretero responde a la “educación” religiosa, en su vertiente inocente e inocua que, lejos de primar el esfuerzo, fomenta la búsqueda de soluciones fáciles y  atajos  frente a dificultades o necesidades a través de plegarias al cielo. A este respecto, permítanme que intercale, como ejemplo ilustrativo de instrucción en absoluto edificante, además de asimilación reduccionista del concepto de Dios  hasta extremos bochornosamente  domésticos, la anécdota vivida durante mí internado en el colegio Marista de Orense. En una ocasión que estábamos preparando en la sala de estudio los exámenes finales del último curso de bachillerato, el prefecto de la orden marianista, encargado de guardar el orden  en la misma, se dirigió a los que allí estábamos en estos términos: “chiquitos (todos  somos chiquitos, no importa la edad,  o inmaduros intelectualmente  a criterio de las religiones, pues no en vano no enseñan a razonar sino a creer ciegamente), si tenéis problemas con alguna asignatura, no dudéis en pedirle a la virgen María para que aprobéis,  pues Ella, como mujer, sabe cómo interceder ante el Señor.       
           Pero esta doctrina,  enormemente seductora, a pesar de su candorosa irracionalidad, y eficacísimo resorte de poder, contempla las ayudas divinas  al margen del principio de igualdad, mérito y capacidad, y de los  perjuicios derivados que causan a propios y terceros al institucionalizar, por extensión, la cultura del padrino o escuela del enchufismo. Y si se considera justo y recomendable, que quienes carecen de la preparación necesaria para aprobar unas oposiciones, conseguir un determinado empleo, acceder a una contrata, o a cualquier tipo de prebenda, recaben el favor  de la constelación de  santos/as y vírgenes, aunque todas sean una misma, cada cual titular de una especialidad remediadora, lógicamente debe considerarse igualmente correcto o justo, que quienes no creen en la discriminatoria acción benefactora de las altas instancias, pero que lo simulan en los actos públicos, echen mano de la amplia fauna de caciques,  “conseguidores” y  logreros de cualquier pelaje y condición.
            Con tales patrones de conducta, con tan altas referencias morales  sería de hipócritas escandalizarse de que España sea una inmensa ciénaga de corrupción, un apestoso caldo revuelto de nepotismos, sobornos, dádivas, cohechos, prevaricaciones, estafas y manipulación de la justicia.
             Nuestros representantes públicos, que no son carreteros ni almas cándidas, sobre todo en un estado laico, si fueran honestos y coherentes y respetasen la constitución, deberían abstenerse de oficiar y presidir   rituales más propios de tribus que de civilizaciones democráticas, en los que gobernantes, en solemne reconocimiento de su incapacidad,  encomiendan el gobierno a sus respectivos patrones (¡Ay de aquella entidad, pueblo o territorio que no tenga patrón/na que le proteja!).
             Resulta patético a la vez que  jocoso imaginar las zancadillas y codazos que deben propinarse en el cielo las instancias sagradas objeto de ofrendas por los clubes de futbol para ganar liga o no descender de categoría, en su afán y pugna por interceder ante Dios y cumplir con sus protegidos.
             Cabe argumentar en contrario que, ante la desesperación humana está justificado, y solo en ese caso, ofrecer algún tipo de esperanza que sirva de consuelo, sin embargo,  sin por ello dejar de comprender y  respetar a quienes se agarran  incluso a un clavo ardiendo, me remito al sentir del escritor lisboeta Lobo Antunes,  aspirante al nobel de literatura, de cuando estaba convaleciente de dos cánceres en la planta de  oncología de un hospital del estado,   maravillado por la dignidad de aristócratas y el coraje con la que la gente pobre sobrellevaba la enfermedad. “Nunca les oí una queja, a nadie rogar, o pedir sálvame. No tenían miedo”.



                        José Antonio Quiroga Quiroga



  NOTA: ¿Cabe alguna esperanza a los partidos laicos de la oposición de alcanzar el gobierno municipal de Tuy estando huérfanos de toda ayuda y asesoramiento celestial?


viernes, 10 de enero de 2014

Porque yo lo valgo


                                      

En política es habitual que la mediocridad de un piernas como el alcalde de Tuy, Moisés Rodríguez, se retribuya de manera  desmedida y obscena. Este chato indocumentado, que carece de palabras, que no tiene palabra, y que, por caprichoso designio de la providencia, ni siquiera le socorre la voz: raro registro silbante entre el de jilguero falsete y el de castrati malogrado, que capitanea el  coro mudo del grupo de gobierno, se embolsa mensualmente 6.437,50 euros provenientes del exprimido sudor de los contribuyentes.

Este incapaz, que no ha podido acabar los estudios medios de diplomatura en empresariales, que, ebrio de gozo cual ratón encima de un queso, desparrama  triunfalismo al frente de la empresa municipal, sobresale por su querencia natural  por la política social de escaparate, en la que basa sus esperanzas de reelección: llevar tartas de cumpleaños a las personas centenarias del municipio, confortar espíritus yendo a todos los entierros, excepto a los de miembros de familias que políticamente le caen  mal,  porque es rencoroso, y posar constantemente para la prensa, para exhibir ufano, como si de hazañas se tratase, cotidianas eventualidades tales como, personal contratado  o la compra de un vehículo. Incapaz, sí,  pero sansón de su hacienda particular, que levanta a final de mes del erario público, sin mayor esfuerzo físico ni resentimiento de conciencia, 1.071.109,87 de las antiguas pesetas.
 

Cierto que esta elevada suma responde a dos actividades: la de alcalde en régimen de dedicación “exclusiva”, y  la de  de diputado provincial. Pero cierto también que para desempeñar la segunda tiene que faltar a su puesto de trabajo en el Ayuntamiento, ausencia a mayores de la abandonada delegación de urbanismo que está causando graves problemas a los solicitantes de licencias, que acaban interponiendo demanda judicial por daños y perjuicios; y que todo esto sucede en un país de recortes salariales y de pensiones, y colmado de desempleados. Obviamente, al pequeño regidor local no le afecta la ley de incompatibilidades de altos cargos, pero sí la de incompetencia de alta carga para la ciudadanía.

He aquí el hombre (ecce homo), el alma cándida, siempre en perfecto estado de revista para comulgar impremeditadamente, cuya puritana moral le permite trampear dos trabajos sin remordimiento ni escrúpulo, y así cobrar dos sueldos; y cuya falta de categoría le llevó a permanecer en la sala de plenos, lejos de ausentarse, y a votar en su favor, cuando debía abstenerse, en el punto del orden del día que  planteaba la compatibilidad de ambos cometidos con la renuncia a la dedicación exclusiva y acogimiento a la modalidad de media dedicación. Además, no es solo cuestión de ausencia de ética sino de falta de legalidad en cuanto que ha vulnerado la ley 30/1992 de 26 de noviembre de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, artículo 28. Abstención: "Las autoridades y el personal de servicio de las Administraciones se abstendrán de intervenir en el procedimiento cuando tengan interés personal en el asunto de que se trate o en otro en cuya resolución pudiera influir la de aquél;..." He aquí el hombre (ecce homo) desnudo de argumentos a merced de la malvada  oposición que lo crucifica  en los plenos, porque lo único brillante que sale su cabeza son los reflejos de luz de su lustrosa y despejada frente. Pero Moisés ni siquiera suda,  supera victorioso el calvario  agarrándose a las tablas de la ley de la democracia numérica: tantos votos, tantas razones.

A primera vista resulta incomprensible que alguien con  alias  de estornudo, Chesssss,  pueda tener un sueldo de quitar el hipo,  6.437,50 euros, y coche oficial para uso propio, pero como estamos  saliendo de la crisis, palabra de Rajoy,  y prueba ejemplarizante de ello es nuestro Moisés, referente máximo municipal en ingresos por rentas del trabajo, debemos reconocer el impagable beneficio del estímulo que su envidiable prosperidad económica genera, potenciado por la singular particularidad de encarnar la metáfora de conductor bíblico, sobre todo para el pueblo sabio devoto, que alienta sobremanera a seguir la estela  de quien ya disfruta a chorros de la luz al final del túnel. Lástima de su falta de carisma ¡Mecachesssss!


Nota: Sí, sí, no diga, ches, diga yes,yes.

 
                        José Antonio Quiroga Quiroga