lunes, 18 de agosto de 2014

Ponte de Lima envidiable


Hacía mucho que no visitaba Ponte de Lima. De esta villa de 2.800 habitantes, considerada la más antigua de Portugal, a 36 km de Tuy, tenía buen recuerdo aunque bastante desdibujado. El reencuentro ha sido sorprendente e impactante: una maravilla que surgió ante mí vista como un feliz descubrimiento. Al  ver la acogedora traza urbana, el perfecto estado de conservación  e impoluta pulcritud del conjunto edificatorio, la calidad del pavimento de las calles y el esmerado cuidado del entorno natural,  tienes que rendirte ante la evidencia de que  estás ante una sensibilidad y respeto superiores. Asombra que esta pequeña villa disponga de tan amplia dotación cultural y de recreo: Museo “Dos Terceiros” (arte sacro); Museo del Juguete; Casa-Museo del Rural; Albergue de Peregrinos (inusualmente hermoso); Jardín Temático; piscina cubierta y al aire libre; eco pista, bordeando el río, Oficina de Turismo interactiva, Festival Internacional de Jardines: el correspondiente a 2015 versará sobre: “Agua en el jardín”, etc. Ante esta escena, a todo tudense, habitante de ciudad milenaria, le tienen que asaltar inevitablemente algunas preguntas y disipársele al instante ciertas ínfulas, como aquella infundada pretensión, de 1999, de la que todavía quedan rescoldos, de solicitar para el casco histórico la declaración de  Patrimonio de la Humanidad, dado el estado de abandono, los atentados sufridos y las manos en las que se encontraba el decrépito conjunto. Aspiración ilusoria, ciertamente, pero que me llevó a suponer, equivocadamente, que, al menos, supondría un toque de atención que despertaría conciencias y contribuiría a una mayor sensibilización de la ciudadanía y, sobre todo, de los políticos.  
 De la bella estampa de Ponte de Lima solo considero criticable la distorsión paisajística que causa el área de aparcamiento en la ribera del río y al pie de la fachada representativa de la villa. Probablemente,  se trata de una medida provisional ante la dificultad presupuestaria para acometer  mejor solución. Este mismo error,  espero que también sea circunstancial,  de equivalente impacto ambiental, se va a cometer en Tuy al habilitar 60 plazas de aparcamiento para residentes del casco histórico en el, de por sí, pequeño paseo fluvial.
Sin duda, esplendor urbanístico  de Ponte de Lima se debe, fundamentalmente, a que este ayuntamiento, como muchos otros de Portugal, y de España, ha sabido aprovechar  los fondos europeos para poner en valor su patrimonio arquitectónico, en el que  difícilmente  se ve  un desconchado o mancha de humedad en las blancas fachadas del conjunto edificatorio, además del entorno natural, y, de paso,  potenciar el atractivo turístico.  El conjunto urbano de Ponte de Lima es ejemplo de rehabilitación y gestión urbanística, reconocido por la Unión Europea con el Premio Especial de Rehabilitación de la Herencia Arquitectónica.  El ayuntamiento de Tuy  no ha seguido  el ejemplo de sus vecinos portugueses  a pesar de poseer el segundo mayor casco histórico de Galicia.   Huelga comentar que el desinterés, si no el desprecio (pocos residentes, pocos votos), de los últimos regidores tudenses por el casco histórico, evidenciado en la ausencia de un Plan de Protección, ha significado, por esta causa concreta, la imposibilidad formal de acceder a los importantes recursos comunitarios destinados a la rehabilitación de dichos cascos. Hoy ya no existen  tales partidas económicas, al menos en las cuantías de entonces, y  es presumible que pasará  mucho tiempo, el que tarde la Unión Europea en recuperarse, para que se presente nueva oportunidad. A  los últimos gobiernos municipales les corresponde el nada dudoso demérito de haber  protagonizado  un período de pérdidas para Tuy, entre ellas, el  no haber salvado su casco histórico de la ruina y, consecuentemente,  de frustrar  una apreciable fuente de empleo. Son los resultados de la incultura gobernante.
Podría hacer una comparativa fotográfica del estado  a día de hoy de los cascos históricos de Ponte de Lima y de Tuy, pero por pudor, para no contaminar la belleza de las imágenes, muchas, ciertamente, pero necesarias todas ellas, aunque no suficientes, que a continuación se muestran. Dejo para el próximo escrito una secuencia de vergüenzas, de descarnados urbanos a modo de picotazos, que degradan la imagen de la entrañable y querida ciudad de doña Urraca.




Panorámica de Ponte de lima desde el puente romano y medieval


Distorsión paisajística a causa del aparcamiento
















































Piscina municipal cubierta


Hermoso albergue de peregrinos









   ECO PISTA:



                                                         Eco pista bordeando el río




                                  JARDÍN TEMÁTICO DO ARNADO:

                                 Imágenes del amplio jardín temático




                                                                              
Jardín romano


Jardín doméstico tradicional

Canalización tradicional de piedra y parra de viña

Alberca y casa museo del rural



Pradera de cuidado césped





Pabellón invernadero
Parque infantil


Aparatos para ejercicio físico









Estoy absolutamente convencido de que la recuperación de la vida en el casco histórico de Tuy pasa necesariamente por el acondicionamiento recreativo  de una amplia franja de ribera del río y de la rehabilitación del Teatro Principal como focos fundamentales de atracción.


                                   José Antonio Quiroga Quiroga



















miércoles, 6 de agosto de 2014

Aquí, "a nosa beira" Vilanova de Cerveira




Apenas  uno pone los pies fuera del municipio de Tuy te sorprende el desarrollo urbanístico de buena parte de los pequeños ayuntamientos del entorno que hace poco no eran casi nada y no tenían prácticamente equipamiento urbano alguno. Te percatas entonces de la parálisis y del atraso en que  se encuentra sumido el lugar en el que has nacido y amas, y te preguntas, ¿qué pasa?, ¿bajo qué maleficio  vive esta antigua capital del reino de Galicia, hoy reducida a cabecera de comarca, situada en un enclave de privilegio y con superiores condiciones de partida, para sufrir esta penosa petrificación?   Y compruebas que  lo poco que ha cambiado ha sido siempre para peor: a partir de la alineación edificatoria del Paseo de la Corredera hacia el Oeste apenas hay algo que se salve de la vulgaridad, del desorden, de la fealdad reinante. Solo la parte antigua y más vieja de la ciudad le rescata de ser un poblacho más sin personalidad, hacia el que camina imperturbable, aunque, con relativa fortuna, a paso lento. De inmediato surge la inevitable comparación y te invaden sentimientos de amor propio herido, de decepción, de tiempo perdido,  y de desesperanza, pues sabes que, invariablemente, elección tras elección, una mayoría inconmovible, que parece quererle más a un determinado partido que a su municipio, que a su ciudad,  entrona, con  fanática obstinación, gobiernos  cada vez peores, mayormente de iletrados, fiándolo todo a las siglas partidarias con fe propia de mártires. Del conformismo urbanita podría decirse que nada parece importar con tal de que la catedral y el Paseo de la Corredera permanezcan en su sitio.
Las importantes  carencias en infraestructuras y servicios, tras muchos años de política menuda basada en el parcheo, el cultivo del favor personal y el control  de toda asociación vecinal, acorde con la capacidad y categoría de los regidores,  pero muy rentable electoralmente,  han hipotecado el futuro de Tuy hasta el punto  que la situación a día de hoy es de ahogo y sin salida a medio plazo. La incapacidad inversora de los gobiernos habidos, por falta de ideas y proyectos, se disfraza  de buena gestión alardeando de  superávit de tesorería de dos millones de euros: dinero fácil proveniente de los impuestos por licencias de obra durante el boom inmobiliario. Los ayuntamientos no son  entidades de ahorro sino de inversión. La ciudadanía  paga impuestos  para que  la Administración les proporcione servicios, no para que sean depositados en un banco para beneficio de la entidad.
Hoy más que nunca, toda la labor municipal se vuelca en la actividad de escaparate, en mantenernos ilusionados con el pomposo señuelo de la Eurociudad. De momento, y nada invita a pensar que en el futuro dé más de sí,  la Eurociudad Tuy-Valença  no va más allá de algún evento cultural y mucha prueba deportiva; eso sí, ya sea de trial o campo a través, siempre con salida o final en el salón-pasarela de todos los tudenses: el Paseo de la Corredera. Así de pequeño es Tuy. Nada importan el perjuicio comercial y las molestias que causan las calles cortadas y la prohibición de aparcar en ellas con antelación y durante la celebración deportiva.

En Portugal, a unos quince kilómetros de Tuy, se encuentra Vilanova de Cerveira: “a vila das artes”, municipio con población total de 8.800 habitantes. Un espejo en el que mirarse. Cautivan al instante la ordenación urbanística, que articula con armoniosa frescura modernidad y antigüedad  arquitectónicas, la apertura de espacios ajardinados, la limpieza y, dada la reducida dimensión urbana, el equipamiento cultural y de ocio: Fórum Cultural, que incluye un museo, Escuela Superior de Arquitectura, Auditorio al aire libre, Centro de teatro y cine, piscina cubierta, amplia área de aparcamiento en superficie, eco pista y un espléndido y bien equipado parque, de cuyas características y atractivo hablan con elocuencia las imágenes siguientes:





























Pista de skate

                                    



  Pabellón de velocípedos para usuarios del parque






         También es admirable el elevado grado de implicación ciudadana, en todo tiempo, en  el decoro e imagen de la villa. Valga como ejemplo de ilusión y creatividad la inmensa labor de ganchillo, realizado por  “velhinhas da vila”, destinado a ornamentar todo objeto que forma parte de la escena pública para ambientación de las “Festas Concelhías. El trabajo de campo, de revestimiento de árboles, señales de tráfico, balcones, fachadas de edificios, etc., corrió a cargo de las mujeres jóvenes, al que se sumó  la particular aportación decorativa de establecimientos comerciales.




















Fachada del Ayuntamiento decorada con cenefa de ganchillo







































Señora con paraguas recubierto de ganchillo

























Llama la atención estilo de fiesta Cerveirense por la gratificante placidez de la misma, no exenta de la animación que aportan la gente congregada en una amplia plaza atraída por las actuaciones músico-folclóricas, gracias a la ausencia de megafonía. De esa megafonía machacona de tómbola ratonera, de la que no hay manera de escapar, tan típica de la fiesta de San Telmo de Tuy, trufada de perturbadora publicidad comercial que la convierte más en una ruidosa feria que realmente en una celebración. 

Otro interesante capítulo de los reclamos de la villa es el de los precios de la hostelería. He aquí una consumición servida en terraza en día de fiesta: dos cafés cortados (2 pingos), 1,40 euros; un agua tónica, 1,30; y un cerveirense (pastelito de hojaldre relleno de crema), 0,80. Total, 3,50 euros.





                         


El legado histórico cubre de dignidad la espalda  de los tudenses. Pero la desnudez del presente ha hecho que los espíritus románticos busquen refugio en el pasado con la mirada vuelta hacia atrás.



                        José Antonio Quiroga Quiroga












martes, 15 de julio de 2014

Ciudad de pocos habitantes y algunos menos ciudadanos


 

 Las ciudades de pocos habitantes son como  aristócratas venidos a menos, fuera de escena al quedarse sin hacienda. Encalladas en el tiempo, conservan imagen y atributos de vieja nobleza, y apelan a su pasado para sobrellevar con  irrenunciable dignidad  sus marchitas realidades. Sin embargo, aunque reivindicativas de antiguos fueros, sus gentes suelen dormitar plácidamente sobre almohadas de rancios laureles.

Tuy urbe es ciudad por relevancia histórica, pero no en razón al número de habitantes, alrededor de 7.000. Tampoco lo es, claro, por economía o entidad política. Su identidad milenaria, patrimonio arquitectónico y bello emplazamiento fronterizo no han sido, hasta ahora,  salidas de desarrollo para que,  la que fuera capital del antiguo reino de Galicia, salga del enquistado raquitismo que la atenaza. Un raquitismo sin esperanza porque la cortedad de horizontes expulsa de su cuerpo a la mayoría de la gente más preparada. Y enfermizo, porque difícilmente puede superarse si se retroalimenta aceptando y eligiendo, con perseverancia conservadora, resignación cristiana y fidelidad partidaria, a personas de lo más corriente: de vida gris, sin talla ni currículo alguno como timoneles de su destino. Esta particular idiosincrasia  solo cabe interpretarla en clave mística: pleitesía a unas siglas y fe en que el santo patrono los guiará a buen puerto. Pero San Telmo hace ya mucho que no ejerce, porque Tuy hace otro tanto que no navega, sigue varada a orillas del Miño, al que ha dado la espalda. Todavía no ha llegado el tiempo en el que un no creyente sea elevado a los altares del gobierno municipal en esta pequeña ciudad de estructura medieval.

Si estadísticamente  no es probable que surjan líderes valiosos en localidades de pocos habitantes, todavía menos cuando en las mismas hay déficit de ciudadanía. Entendida ésta en el sentido moderno de ciudadanía activa, que hace referencia a aquella que, consciente de su pertenencia a una comunidad local participa en áreas de la vida social y/o los asunto públicos; en contraposición a la ciudadanía pasiva que consideran las cuestiones políticas como algo lejano y extraño a sus intereses. Del déficit de ciudadanía activa en Tuy, y ni siquiera tanto, aunque previsible, tuve constancia en los días de recogida de firmas en contra de la ubicación del nuevo Centro de Salud. Lo sorprendente, a la vez que decepcionante, fue la reacción de ciertas personas de las que, por su formación y relieve social, esperaba mejor acogida. Valgan como ejemplo de falta de compromiso dos elocuentes respuestas: una, de persona profesional de la abogacía: “no, gracias, ya hace mucho que dejé de comprometerme con nada”; y dos, de persona empleada en la radio municipal: “lo siento, pero yo he decidido no firmar nada relacionado con Tuy”; quizá porque considera suficiente comprometerse solo de palabra por aquello de que las palabras se las llevan las ondas, y a la velocidad de la luz. Pocas esperanzas cabe albergar de mejorar la situación si al desafecto individual de la ciudanía se suma el de las colectividades. Ante la asfixiante carencia de cruciales dotaciones para el comercio y desarrollo de esta ciudad, no entiendo el silencio de la nueva directiva de Acitui, cuya hoja de ruta, aparte de la ruta de la empanada,  se puede resumir así: un globo, dos globos, tres globos; un logo, dos logos…

Tuy se encuentra en una situación de ahogo insostenible, de retroceso comparativo respecto de municipios limítrofes. Y de muy difícil salida, tras veinte años de política de calderilla, de atención a lo menudo  y de despreocupación, por falta de visión, por la planificación y ejecución de infraestructuras, que ha quedado patente en los  dos planes de urbanismo, que no merecen tal nombre en cuanto que se centraron exclusivamente en la edificabilidad  de viviendas.  En ninguno hay proyecto de ciudad. No se contemplaron aparcamientos, espacios de convivencia (plazas, parques, recinto de fiestas), reserva de suelo para edificios de servicios: juzgados; centros sanitarios (el nuevo Centro de salud es el ejemplo más acuciante); educativos; administrativos (policía nacional y local, incluso la propia Casa Consistorial); estación de autobuses, etc. Ni siquiera la muy necesaria apertura de la cabecera de la calle Orense, eterna promesa, tiene trazas de ser ejecutada.

 Qué decir del eterno olvidado y abandonado casco histórico, (y el Teatro Principal, del que el gobierno ni la oposición se acuerdan), por más que representa la identidad de Tuy, condenado, quién sabe por cuánto tiempo al progresivo deterioro, puesto que se han perdido todos los trenes de las ayudas europeas al no haberse redactado en tiempo un plan de protección.

No soy hombre de rezos ni exhortaciones, que todo es lo mismo, pues no se ruega a los cielos, que no oyen, sino a uno mismo y a la colectividad en que se vive,  pero sí de dedicatorias cuando hay motivo. Y, concerniente al decrépito casco histórico,  he aquí la dirigida a Antonio Feliciano (Fdez. Rocha), a su escuela y aventajado discípulo, tomada de la letra de  una canción de otro Feliciano, José Feliciano, ciego también como el primero, pero con ojos para percatarse del estado de su pueblo: “pueblo mío que estás en la colina (de piedra), tendido como un viejo que se muere…”

Qué será, qué será, que será... Que será de Tuy, es fácil adivinarlo.

 

 

                             José Antonio Quiroga Quiroga