viernes, 13 de enero de 2017

Apuntes y Puntadas (I)

El presente escrito, primero de una serie titulada:"Apuntes y Puntadas",  se lo dedico al grupo de gobierno municipal de Tuy, por si su contenido le dice algo.
 
La falta de autoridad moral como defensa:
La conducta del oponente no es referencia que justifique la propia. El gobernante que rehúsa rendir cuentas  amparándose en la supuesta falta de autoridad moral del político interpelante, parece no saber que a éste le asiste legítimamente la indiscutible e irreprochable autoridad  representativa otorgada por electorado.


Rápidos aprendiendo:
 El tiranosauro dijo e una ocasión en la radio municipal que el actual grupo de gobierno tiene la cualidad de que: “aprende muy rápido”. Sin embargo, se eterniza en el estudio de los problemas. El concejal de tráfico (se sobreentiende que del rodado), que recuerda a la exconcejala de Educación de Vigo, Maite Fernández, apodada “estamosenello”( esta era la respuesta que daba cuando se le preguntaba por un viejo asunto), porque,  después de cinco meses de la implantación de la controvertida medida  del sentido único en la calle Obispo Salvado (Riomuiños),  responde a los afectados y concejales interesados con el estribillo: “seguimos estudiándolo”.


Oposición que torpedea:
Tras ser rechazadas plenariamente las dos propuestas del grupo de gobierno municipal de Tuy: ampliación del gasto del servicio de limpieza en la cantidad de 115.000,00 euros, (más del 100% del habitual) y la ordenanza de ruidos (que comporta multas de hasta 300.000,00 euros), el alcalde, visiblemente contrariado, formuló, como colofón,  una reflexión inelegante de mal encajador democrático, acusando a la oposición de torpedear la acción del gobierno.  
La oposición, para suerte del grupo de gobierno, como los motores que combustionan mal, petardea más que torpedea.


Limpieza para causar buena impresión a los foráneos:
El alcalde de Tuy justificó la ampliación presupuestaria del servicio de limpieza por el carácter turístico y comercial de Tuy. Se desprende de esta declaración que la limpieza no se hace para satisfacción y confort de los residentes, sino de los visitantes. Lo natural, lógico  y razonable es que los servicios se presten para bienestar de la población. El disfrute de los visitantes se obtiene por añadidura.


Cena municipal de Navidad:
El Ayuntamiento de Tuy (el grupo de Gobierno), por ser Navidad,  al igual que algunas  empresas privadas a sus empleados (también en esto dio un giro de 180º),  reconfortó a los funcionarios  con el  regalo en especie de una cena (el capi es cojonudo). De haber sido en metálico quizá se hablase de soborno aunque el desembolso fuese el mismo. ¿Acaso los funcionarios no perciben una paga extra antes de la Navidad? ¿Acaso por este detalle mejora el rendimiento de los funcionarios?  Estas prácticas “caritativas” o, si se prefiere, paternalistas, cuya intencionalidad no es el agradecimiento a los agasajados sino la reciprocidad diferida en forma de voto, están en desuso. No hace mucho, por estas fechas, los ministros ofrecían “un vino español” a los trabajadores de su ministerio en aras de  una supuesta  familiaridad laboral, pero esta trasnochada tradición protocolaria, por  ficticia e improcedente presupuestariamente,  afortunadamente pertenece ya al pasado.


El desconsejable uso del infinitivo en los discursos:
No es recomendable, a riesgo de parecer indelicado y distante, que quienes representan a una colectividad, verbigracia los políticos,  empleen en sus alocuciones públicas el presente  de infinitivo, manifiestamente impersonal, para expresar el sentimiento del grupo al que representan o el suyo propio. Por ejemplo, expresiones como: decir que…, manifestar queagradecer a…etc., en lugar  de, manifestamos que, manifiesto que… agradecemos a, agradezco a… etc., forma bastante más afectuosa y comprometida.


 
                                                José Antonio Quiroga Quiroga


 


 


 

viernes, 6 de enero de 2017

Dar la Nota


 

El gobierno municipal de Tuy pretende dar la nota, no solo en Galicia sino en Europa, con el lujo cultural y económico de la creación de una orquesta sinfónica, tocando la tecla del viejo orgullo latente, que aguarda  su rescate,  de un pueblo que ha sido mucho históricamente y que sueña con volver a ser. En palabras del alcalde, “sería  la  sexta de Galicia, y la primera de Europa de una Eurociudad, que no es asunto menor”; como, en expresión de Rajoy, la cerámica de Talavera, que es asunto mayor.

Y tanto para la pequeña capacidad presupuestaria de un ayuntamiento de menos de 20.000 habitantes. Si ya  chirrían las arcas municipales cada vez  que se abren para  sacar 300.000 euros anuales para un conservatorio sobredimensionado, con razón se resentirán sus fondos para atender el coste de una orquesta sinfónica. Por lo pronto,  Valença no está interesada en una “Eurosinfónica”. Algo parecido a pretender que el Tyde club de futbol milite en primera división. Le sucedería como al Compostela, que se quedó en el “Compos” de tercera categoría al faltarle la tela. A mayores del prestigio que ello supondría para Tuy, el alcalde justifica su creación “porque, como los estudiantes pagan sus tasas, hay que darles salida profesional”. Ningún centro de enseñanza, público o privado, universidad incluida, contempla entre sus deberes la obligación de ofrecer empleo a sus titulados.

Ensayo previo al estreno oficial de la Orquesta Sinfónica de Tuy

             Se da el “cante” de pecho, en do mayor, no ya equiparándose con las grandes ciudades de Galicia, sino presumiendo de ser referencia en  materia de programación teatral y,  ahora también, musical, máxime si se repara  en que la Banda de Música de Tuy, al contrario del formato tradicional de los ayuntamientos pequeños, y de su propia trayectoria, no es municipal sino Popular. Y se hace el falsete  cuando se le  niega  a ésta  y a la Coral Tudense el auditorio del Área Panorámica para el concierto de fin de año, que tuvo que celebrarse en la iglesia de San Francisco, con la ausencia del alcalde, y la concejala de cultura y el tiranosauro escondidos en la planta alta destinada al coro, el equivalente al gallinero de cines y teatros,  alegando que no había dinero para pagar al personal encargado de  facilitar dicho auditorio, pero si lo hubo,  p.e., para una demostración nocturna de flyboard en el río Miño.
           Puestos a dar notas, el alcalde dio la disonante en su alocución como invitado de honor a la cena del 135 aniversario de la Banda de Musica,  al menospreciar al director de la misma deseando “que la banda tenga pronto un nuevo director”.

Los tudenses somos testigos desconcertados ante la contradicción existente entre   la queja constante de falta de dinero, para inversiones en infraestructuras (40.000 euros se presupuestaron en 2016 a este fin) y para atender servicios básicos (actualmente  es noticia la queja de la policía municipal de falta de personal y  precariedad de equipos e instalaciones), y la prodigalidad de gasto en fastos y la creación de una orquesta sinfónica, muy defendible en cuanto excelencia cultural, pero fuera del alcance de lo razonable económicamente. Como referencia a la que atenernos en cuanto a tomar conciencia de la dimensión y capacidad del ayuntamiento de Tuy, y a  propósito de la ley de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera en las entidades Locales,  utilizada como escudo de conveniencia por el gobierno municipal, conviene reparar en que la Ley  Reguladora de las Bases de Régimen Local determina, sin perjuicio de que, en principio, todo municipio puede promover toda clase de actividades y prestar cuántos servicios públicos contribuyan a satisfacer las necesidades y aspiraciones de la comunidad vecinal, qué servicios deben prestar los ayuntamientos en función del número de habitantes. Que, para las categorías de menos y de más de 5.000  habitantes, e inferiores a 20.000, son muy básicos.

La insostenibilidad del actual conservatorio era  criterio que compartían el Gobierno anterior  y la Oposición, hoy en el poder.  Sin embargo, el actual abraza con entusiasmo lo que antes criticaba con dureza. El populismo siempre ha sido tentación en la que suelen incurrir la mayoría de políticos para mantenerse en el poder; que les  lleva a sacar los pies fuera del tiesto en su afán  de ampliar su campo de acción y ser noticia casi a diario en los medios de comunicación. Tratan de contentar a las masas con subvenciones y entretenimiento y desatienden lo fundamental, que posibilita el desarrollo y la prosperidad. No hay más que ver el estado de letargo al que Tuy parece condenado.

 

                          José Antonio Quiroga Quiroga 

 

 

 

 

lunes, 2 de enero de 2017

Ni parque, ni parking


Una fuente municipal del área de urbanismo atribuía el hecho de que el Centro de Salud de Tuy no tenga ni una sola  plaza de aparcamiento de las 38 exigibles por ley a una estrategia del exalcalde Rocha. Supuestamente pretendía incentivar la construcción de un aparcamiento en el subsuelo adyacente ofreciendo al promotor, como garantía de  explotación, el alquiler o la venta de las obligadas plazas. Si bien esta hipótesis puede parecer estrambótica, pese a que entre las bambalinas  de la política actual se traman operaciones mucho más extrañas, más increíble resulta que los profesionales de una firma que recibió el encargo de proyectar quince centros de salud en Galicia no contemplaran para el de Tuy ni una sola plaza.
Este incumplimiento normativo, que impedía la obtención de licencia de construcción, pero susceptible de ser subsanado reformando el proyecto, fue, aparentemente, salvado por el gobierno anterior, al conseguir, bajo promesa, de la Consellería  de Facenda, propietaria del inmueble denominado Área Panorámica y del solar circundante, la cesión provisional de la superficie necesaria para alojar las referidas 38 plazas. No fue más que una maniobra sin futuro para salir del atolladero, porque el terreno  que se iba a ceder está calificado como zona verde y no admite el uso de aparcamiento (esta es la razón por la que el actual aparcamiento terrero municipal, también provisional por tiempo indefinido, no se asfalta y se allana con zahorra  una y otra vez, con el infructuoso propósito de eliminar los tozudos socavones).
Lo cierto es que el Centro de Salud necesita  licencia de actividad para entrar en servicio y el Ayuntamiento legalmente no puede expedirla. Aunque el actual alcalde anunció en un pleno que, pese a ello, la expediría por tratarse de un edificio de interés social, no va a poder cumplir lo prometido porque no va a disponer del preceptivo informe favorable de los técnicos de urbanismo, que no firmarán nada que comprometa su puesto de trabajo. Tampoco el alcalde, ni los miembros de la Comisión de Gobierno, querrán incurrir en prevaricación flagrante, pues sabe el regidor que ello le supondría el regreso, con un negro e inquietante borrón  en su expediente, a su puesto de funcionario del cuerpo de auxiliares judiciales en la prisión de A Lama. Porque, llegado el caso,  la Fiscalía no se atrevería a desautorizar una vez más el PXOM, como cuando desestimó la denuncia presentada  por insuficiencia de parcela,  resolviendo  que, pese a ser  ésta inferior a la mínima exigida (casi la mitad),  la licencia de construcción del Centro de Salud era correcta porque el edificio cabía en la misma.
Esta situación surrealista desemboca en dos únicas salidas: que el Centro de Salud funcione al margen de la legalidad, o que el Ayuntamiento ofrezca al SERGAS 38 plazas de aparcamiento de las existentes en las calles inmediatas,  cobrando la tasa correspondiente por ocupación de suelo público. La segunda opción agravaría el  endémico problema de  falta de infraestructuras que ahoga a Tuy. Lo preocupante a este respecto no es ya que no se propongan  soluciones, sino que ni siquiera se aventuran  promesas; de ahí que  la falta de obras que estructuren la ciudad y parroquias, se trata de ocultar con entretenimiento. No en balde el alcalde acaba de proclamar solemnemente que “hay que fomentar el ocio”, como si se tratase de un servicio básico.
Las recientes declaraciones en la radio municipal del tiranosauro, que se muere por ponerle la guinda a todo,: “la aprobación plenaria al respecto se resolvió con cuatro votos a favor (Psoe y los dos de su partido) y trece abstenciones”; que la calle Casal Aboy  ha mejorado mucho con el Centro de Salud, ahora tiene más luz (¿?) y que el edificio está retranqueado, tratando de justificar la nefasta ubicación del Centro de Salud, retuercen groseramente la realidad, pues: el BNG votó en contra; el edificio está más adelantado respecto de la alineación  de la manzana esquina a la C/ Hnos. Maristas, que retrasado respecto del edificio “Ilferlo” esquina a la C/ Colón; y siguen produciéndose  atascos y largas colas en las horas de llegada y de salida de los centros escolares.
La otra cara de la moneda es que Tuy tampoco dispondrá a medio plazo de un parque arbolado en la zona, como prometió la resuelta concejala de urbanismo cuando dijo que convocaría un concurso. Si acaso tendremos  un amago de parque  en un retal de terreno, porque si se elimina el actual aparcamiento terrero municipal, ¿dónde se meten los 150 coches a los que da cabida?


Trasera(horrible) del edificio Área Panorámica (izqda.), Centro de Salud
y Aparcamiento de tierra municipal
El aparcamiento de futuro que Tuy necesita deberá construirse, por centralidad,  acceso directo desde una vía principal (Avda. de la Concordia); amplitud superficial; y polivalencia de usos, en el lugar que ocupa la piscina municipal y pistas deportivas del Liceo Casino (previa negociación con la entidad). El gran desnivel existente con respecto al Paseo de la Corredera posibilita la construcción de varios niveles de terrazas armónicamente escalonadas, convertibles en jardines y pistas deportivas; en las que incluso se podría reubicar  la piscina.
Sin embargo, a falta de ideas y proyectos de alcance que nos saquen de la agobiante parálisis endémica,  tratan de cultivar nuestros fatuos delirios de grandeza con ese señuelo llamado Eurociudad, de cegarnos con deslumbrantes iluminaciones por las fiestas, de  hacernos creer, con el insultante menudillo propagandístico de los trabajos ordinarios de mantenimiento, titulado “Antes y Después” y con las “andainas” domingueras,  que Tuy camina hacia algún lado.
“Tuy se cae a cachos”, fue el inapelable y doloroso juicio emitido por  un residente foráneo  que dispone de la incontaminada y contrastada perspectiva que ofrece  el ausentarse y regresar repetidas veces al año a esta ensimismada ciudad que no deja de ser pueblo.


                         José Antonio Quiroga Quiroga



lunes, 12 de diciembre de 2016

Mejores por Navidad


 

“La Navidad nos hace mejores”, reza un eslogan de la cadena hostelera Vips, acompañado de la foto de un plato especial. Tan mejores nos hace que creemos que somos buenos de verdad ¿Y qué mejor respuesta de buenas personas que mostrar gratitud por tal reconocimiento  acudiendo al establecimiento que de antemano nos reconforta espiritualmente y que, a buen seguro, también  nos reconfortará el estómago con la excelencia de sus productos?

 

            La Navidad, con su mágica atmósfera de cuento, nos viene bien a todos para reconciliarnos con nosotros mismos y sentirnos “güenos”: porque lo necesitamos y porque es tiempo de obligada paz. Y de inexcusable felicidad, ¡dulce Navidad¡ como sugiere  la ambientación y  decorado envolventes. Además de ejercicio anual preparatorio para la felicidad eterna que dicen que nos aguarda en el paraíso.

Pero el espíritu de la Navidad es opulenta estrella fugaz,  grandilocuente como los fuegos de artificio, cuyos efusivos destellos de fraternidad y concordia se concretan en protocolarios apretones de manos y corteses buenos deseos. Sin embargo, el cosmos, indiferente a lo que sucede en una parte del mismo, sigue su enigmático curso regido por inviolables e implacables principios y leyes físicas. 

Somos como nos comportamos a diario. Como dice Pedro Navaja (ladrón de esquina) “si naciste pa´ martillo del cielo te caen los clavos”, aunque es legítimo, respetable y saludable, incluso hermoso, de vez en cuando y en determinadas fechas,  soñar que vivimos en el país de Alicia.

Por todo ello, y pese a ello, y a que en el firmamento de la duradera Navidad comercial hay muchas más bombillas que estrellas, a los amigos y a los que no lo son, a los enemigos, a los conocidos y desconocidos, a los inmigrantes y refugiados, a la gente de toda condición, tiburones y tiranosauros,

¡¡¡Feliz Navidad!!!

 

                                José Antonio Quiroga Quiroga

domingo, 27 de noviembre de 2016

Un pleno más


                                   

El pleno de noviembre del ayuntamiento de Tui ha sido insustancial e innecesario. De los que menudean con demasiada frecuencia. Este tipo de plenos, que a veces se solapan, transmiten inoperancia. Convendría celebrarlos cada dos meses y se ahorraría quehacer burocrático improductivo. Para que el cambio sea aceptado por la oposición deberán ser, en justicia, doblemente remunerados, excepto los extraordinarios.

Pero la inoperancia no es solo aparente sino real. Prueba de ello es el superávit de más de 1,6 millones de euros correspondiente al ejercicio de 2015.  La concejala de urbanismo  y hacienda trató de ocultar la parálisis ejecutiva declarando a la prensa que tal cantidad de debe “fundamentalmente a la recaudación ejecutiva de urbanismo (multas por infracciones urbanísticas) y a la recaudación por el Impuesto de Construcciones, Instalaciones y Obras, que ha sido el doble de los 38.000 euros  presupuestados. ¿Qué furor sancionador  consigue que se recauden 1,6 millones de euros a mayores?

  A una pregunta de la oposición por este respecto, que aludía también al remanente de tesorería, la concejala,  resueltamente dispuesta con el gesto y talante que le caracteriza: barbilla elevada en actitud retadora, suficiencia insolente clarificadora de obviedades elevadas a categoría de altos saberes,  y voz clara afectada de molesto retintín  de enteradilla que te está leyendo la cartilla, rasgos todos que configuran ese carácter dominante que tantos roces ocasiona en sus filas, contestó de manera vulgar y despectiva: “usted confunde la velocidad con el tocino”. En esta ocasión,  abandonó  el argumento transmitido a la prensa y  basó el superávit en la buena gestión del grupo de gobierno.  Descartados por irrelevantes los ingresos citados, el superávit solo puede provenir de los conceptos siguientes: impuestos, subida de tasas, que aprobó este gobierno, pese a que la bajada de las mismas era la fraudulenta estrella del programa electoral de uno de los miembros del cuatripartito, y al excedente (lo no gastado), de lo presupuestado, que la concejala presenta como ejemplo de gestión; si bien a este gobierno, para bien o para mal, solo es responsable del 55 % del ejercicio de 2015, ya que tomó posesión a mediados de junio de este año.

 No gastar lo presupuestado evidencia gestión deficiente, cimentada en la carencia de ideas y proyectos, que en nada contribuye a la creación de empleo en el municipio. Y desbarata el repetido lamento de que la Regla de Gasto, impuesta por el Estado, impide aprobar presupuestos de mayor cuantía que posibilitarían mayores realizaciones.  Este gobierno, lamentablemente, se va pareciendo cada vez más a los anteriores a fuerza de transitar por los mismos caminos y de adoptar iguales maneras: presume  de superávit y de disponer de un sustancioso remanente de tesorería (5,7 millones) que, lejos de revertir en beneficio de los contribuyentes,  únicamente opera en favor de la banca.

Los plenos vacíos de contenido de alcance, se reducen al morbo del último punto del Orden del día: Ruegos y Preguntas; si bien la  oposición acostumbra a decepcionar por su cortedad de planteamientos. En esta ocasión se formuló una pregunta, en principio interesante, pero carente de profundidad, acerca de la situación administrativa de la peatonalización del casco histórico y del Plan Especial (PEPCH) de dicho ámbito. La prometida peatonalización para noviembre de 2015: “non pudo ser”, sigue sin materializarse un año después de la fecha prevista. Y  el PEPCH, que se esperaba que estuviese aprobado en Junio, todavía está pendiente del informe de los técnicos municipales. El proceso indica que no se expondrá al publico para que la ciudadanía pueda hacer alegaciones; sin embargo la ley dice que es obligado cuando un plan experimenta una transformación sustancial, y el anterior fue rechazado de plano por Patrimonio con una enmienda a la totalidad. Dado que la titular de la delegación parece desconocer la orientación  que debe dársele  a este importante documento, de ahí que la redacción del mismo se dejó en manos del equipo redactor  y de las exigencias de Patrimonio,  el ponente replicó que las condiciones de habitabilidad de las viviendas hay que pelearlas con Patrimonio. Ante la demora que tal pelea conllevaría en la aprobación del PEPCH, irrumpió imperativa la voz del tiranosauro: “más vale un mal plan que ninguno”, como si no existiesen otras alternativas que la de mínimos.

El casco histórico es, en el plano urbanístico y simbólico, lo más preciado que tiene Tuy. Es su seña de identidad y foco de atracción turística. En materia tan sensible no caben prisas  Las nuevas corrientes en recuperación de cascos históricos señalan a la despoblación como el principal enemigo. Si no se ofrecen ciertos parámetros de confort a los residentes, solo cabe esperar que,  con el tiempo, la despoblación vaya en aumento, y con ella su ruina.

Como los recortes en democracia de este gobierno afectaron al turno de ruegos y preguntas del público, reducido a una sola intervención, ruego o pregunta, formulo un encarecido ruego a la oposición: absténganse de justificarse en los plenos  alertando de deterioros menores  en el firme y mobiliario urbano y eleven el punto de mira  de las inquietudes.

 

                              José Antonio Quiroga Quiroga

miércoles, 5 de octubre de 2016

El partido de Dios


 

La información es poder, y la desinformación oportunidad de colonización.

Como caras contrapuestas de la moneda electoral, la euforia de la victoria lleva al vencedor a declarar que el pueblo es sabio, y la frustración de la derrota conduce a los perdedores a quejarse de que es ignorante.

          Decepcionado por el resultado de las autonómicas, un diputado de izquierdas cometió el error de tachar al pueblo gallego de ignorante. En descargo de lo dicho por el ilustre diputado, creo que donde se dice ignorancia debemos leer desinformación. Torpeza política aparte, no albergo ninguna duda ni reparo en considerar que en materia política el pueblo gallego, como  cualquier otro pueblo del solar patrio, es más ignorante que sabio. Y que la desinformación es mayor en el medio rural que en el urbano, y especialmente alta en el rural gallego debida fundamentalmente a la dispersión edificatoria y consecuente aislamiento. Porque en este extenso territorio apenas se leen  periódicos, excepto los domingos,  cuando unos pocos acuden a la tienda o al bar del barrio a echarle un vistazo a los “santos”, mayormente deportivos.  

Las masas sociales desinformadas son conservadoras por principio de  prudencia, y se mueven por actos de fe, ya que no pueden hacerlo racionalmente. Fe que depositan en los líderes locales como personas de confianza. A este respecto, el reino de taifas que define el rural gallego, es ejemplo paradigmático por su tradicional estructura de patriarcas con ascendiente sobre el vecindario: el pedáneo, actualmente en horas bajas, el cacique y el párroco, situado en lo más alto de la escala jerárquica. El cura de la parroquia ejerce de guía espiritual  y de pastor  en prácticamente todos los campos sociales. Y por supuesto, en el político, pues la Iglesia considera que los partidos son también instrumentos para la salvación espiritual, aunque solo uno, el elegido, que representa a la derecha,  el PP, sirve y legisla a tal fin. Si el partido por el que hacen votos es corrupto (el que esté libre de pecado que tire la primera piedra), se reza por su regeneración y, por caridad cristiana, se le perdonan los pecados.

A nadie puede sorprender que, tras la Transición, la hegemonía de la derecha en Galicia se mantenga firme como una roca sin fisuras desde 1978. Como tampoco que cuanto más rural es una provincia, Lugo y Orense lo son comparadas con Coruña y Pontevedra (boinas y birretes), más respaldo electoral obtiene la derecha monolítica.

 

                           José Antonio Quiroga Quiroga

 

martes, 27 de septiembre de 2016

Memoria de un tiranosauro rey de la política

          No referiré al protagonista y responsable de los hechos que se relatan en esta retrospectiva por su tonante y punitivo nombre, de esos que suelen  determinan el carácter de quien lo lleva,  sino por  concordancia fonética y hermandad en la impostura de conducta, por el de Catón, en recuerdo al homónimo  romano conocido como el Censor;  por quien el emperador Claudio sentía especial inquina por su doble moral.


Cuando alcalde, Catón solía reconvenir a los corporativos, incluso llegaba a amonestarlos de expulsión, por utilizar expresiones que no se ajustaban a su particular e intransferible sentido del decoro. Un decoro gazmoño sostenido con evidente artificiosidad, y apuntalado con interjecciones cursis del tipo ¡¡¡Concho!!!  que empleaba como enfático remate en los arrebatos de contrariedad o de reafirmación. Ahora de mayor, pero de nuevo incrustado en la esfera del poder político local, conserva intacta la actitud farisaica de cuando joven, aunque más depurada por la maestría adquirida en el arte del fingimiento, y enmascarada por la pátina de bondad que los años suelen otorgar. El enternecedor papel  de abuelete cebolleta,  presto a desempolvar conmovedoras batallitas de su particular hemeroteca,  que exhibe  en plenos y entrevistas, es otro visaje de su taimada doblez; faceta que redondea desde el púlpito de Facebook, asumiendo el rol de senior docto y ejemplar, que está de vuelta de todo, divulgando máximas, aforismos y dichos de la más variada estofa para guía de sus virtuales seguidores.  


Su faena política arranca con un movimiento definitorio, nada honorable, la ópera prima de una serie de desaciertos e imposiciones de lesivo desenlace, que marcó el devenir político del municipio hasta la fecha. Sobre él recae la dudosa reputación  de ser el primer tránsfuga en Tuy de la democracia. Saltó del gobierno de Unión Tudense al banco del grupo mixto impulsado por la oferta de encabezar la candidatura del PP en la siguiente convocatoria electoral. Desde la trinchera de la oposición  se dedicó, con nulo éxito, a poner palitos en las ruedas del carro del gobierno tirado por solo tres personas. Más tarde sufrió en carne propia los efectos de su medicina: una moción de censura interior siendo alcalde, y la fuga de alguno de sus compañeros de grupo cuando ocupaba escaño en la oposición. Ahora, la frágil coyuntura política actual, y la perspectiva de hacerse con la poltrona ha vuelto a despertar su naturaleza de conspirador máximo.


Como regidor pronto abrió un abultado melón de desaciertos. Cambió el emplazamiento proyectado del futuro vertedero municipal y lo situó en el espacio de protección del parque natural del monte Aloya. Cada domingo, vecinos de Malvas, preocupados por la contaminación de los manantiales de agua de abastecimiento, se manifestaban en el centro de Tuy. Una querella judicial del desaparecido Gundín, desembocó en el abandono del vertedero y la renuncia al cobro de 22.000.000 de pesetas por parte del empresario que lo ejecutó, pues de lo contrario dos personas acabarían en la cárcel, en palabras del entonces Secretario del Ayuntamiento, López Pita. Luego, según ciertas fuentes,  esos millones le fueron reembolsados al empresario  al serle adjudicada, de manera controvertida, la construcción de la piscina municipal por importe de 80.000.000 de pesetas.


Al amparo de una mayoría de gobierno  demoledora pretendió derribar el Teatro Principal para crear una plaza-mirador al río. La tentativa fue abortada por un caudal de artículos de prensa en contra y de cartas al director. Pero la frustración permaneció viva en la parte reptiliana, la más primitiva del cerebro, del tiranosauro Catón, a la espera de ser resarcida.  Con el actual gobierno, plegado a sus imposiciones,  a riesgo de romper el grupo, se tomó la revancha consiguiendo que la Fundación Teatro Principal de Tuy, sin alternativa posible, acordase la venta del inmueble.


El recinto ferial prometido por Fraga en la parroquia de San Bartolomé,  para cuyo acceso la Cámara de Comercio había decidido comprar una franja de terreno  colindante con la calle Canónigo Valiño, se malogró a causa de la exigencia, no aceptada, del propio Catón  como director del complejo. También desbarató el establecimiento en Tuy de la Universidad de Verano, para la que el Seminario ofrecía el alojamiento de los estudiantes. Este revés  hizo que el obispo, contrariado, exclamase: ¡¡¡Qué tiene este hombre contra Tuy y el clero!!!


El cuarto de sonrisa torcida, que adorna la cara del esquinado personaje, revela que también tiene una faceta cómico-patética. En una ocasión  sacó a concurso plazas  para puestos de limpiadoras  que, entre otras pruebas a superar, contemplaba tres de tipo físico, todo un  triatlón: carrera de 100 m lisos, salto de altura y salto de longitud. No debió ser agradable ver competir a  aquellas señoras, algunas entradas en carnes y años, vestidas de pantalón corto moviendo desesperadamente sus traseros. Pero quién sabe si entre las atléticas concursantes estaba la madre que luego engendraría a Gómez Noya, nuestro  pentacampeón mundial de la especialidad. Otro episodio peculiar tuvo lugar a continuación del tumultuoso tiempo de precariedad en el abastecimiento de agua a la ciudad, provocado por el apresurado suministro de agua tintada no potable, durante varias semanas.  El agua de la traída era de color amarillo, semejante al de los refrescos Mirinda o Fanta de la época. Para tranquilizar a la población iba Catón, cual  conejillo de indias dispuesto a inmolarse, emulando el estilo populista de Fraga en Palomares, de bar en cafetería pidiendo vasos de agua del grifo. Tras beberlos de un tirón les decía a  quienes, con recelo, se lo habían servido, e indirectamente a los demás presentes: ves, no me he muerto, aquí estoy.


Pero fue en el campo de la disciplina urbanística, en el que las torpezas cometidas hipotecan una ciudad de por vida, en el que Catón destacó como Ángel caído del error permanente, víctima de su infundada como contumaz suficiencia congénita que le abocó siempre a meter la pata de cabra. Materia  ésta en la  que se estrenó encargándole a un ingeniero de caminos, mercenario del PP, y lego en urbanismo, de la redacción del PGOU, mero ejercicio de delineación que pronto fue reconocido por todos de desastroso. La primera redacción del Plan General presentada para aprobación inicial,  luego rechazada por Patrimonio, contemplaba la descabellada idea de la eliminación de la Zona de Respeto del casco histórico, y el aumento de alturas en el ámbito del Paseo de la Corredera. Pero  el revés, no aceptado por el orgulloso Catón, no impidió  que circulasen   planos del PGOU sin firma de aprobación,  tal y como funcionarios de la COTOP le confesaron a un arquitecto municipal. Esta  situación de confusión desembocó en  una denuncia en la Fiscalía por falsedad documental, presentada por un concejal de la oposición. Los planos falsos desaparecieron como por ensalmo y la denuncia fue archivada por falta de pruebas. La aprobación inicial de dicho Plan General preveía también un edificio de viviendas de B+ 4 alturas en el solar que ocupaba la anterior plaza de abastos, luego demolida,  cuya construcción Catón justificaba como recurso que ocultaría la fealdad edificatoria de la C/ Casal Aboy; si bien se decía por aquel entonces que el edificio proyectado iba a ser promovido por un cargo del PP local.  Esta  pretensión constructiva la paralicé al repartir entre los vecinos de dicha calle, durante unas elecciones municipales,  una perspectiva del pretendido bloque de viviendas. Procedimiento que años después utilicé para  que se impidiese la construcción de la muralla edificatoria que el PGOU contemplaba en la C/ Martínez Padín y la ribera del río Tripes. Esa franja de terreno  todavía hoy permanece excluida del área regulada por el PXOM en vigor. Sin embargo, el imperecedero espíritu de revancha de Catón pudo resarcirse del revés sufrido con la frustrada construcción del edificio de viviendas en el lugar de la desaparecida plaza de abastos. Con los  votos determinantes de su partido, consiguió, al fin, ocultar la fealdad edificatoria de la C/ Casal Aboy,  con la construcción en dicho solar del nuevo Centro de Salud.


          Al tiranosauro le son imputables el estrechamiento de dos de las vías-avenidas de penetración a la ciudad: la Avenida de la Concordia y la calle Colón. En la primera  alteró la alineación que el  retranqueo edificatorio del Plan Especial del Campo de la Feria sabiamente guardaba. Esta avenida ha quedado condenada con la construcción adelantada, respecto de la alineación preexistente, de un edificio a la altura de la estación del ferrocarril, que marca la nueva alineación de calle hasta el final de la misma. La estrechez inicial y actual de  la segunda calle, con  exiguas aceras de 1,50 m de ancho, se deben a su ignorancia prepotente, impermeable a todo consejo o sugerencia. El tortuoso trazado  de  la C/ Hermanos Maristas no obedece a error o torpeza sino a causas  menos confesables. Nadie pudo entender que  para  el trazado  de esta calle,  proyectada con ancho de 10 m, hubo que demoler una casa, que estrechaba   dicho vial en la intersección con la C/ Casal Aboy, para luego ser levantada prácticamente en el mismo lugar. Tal atropello trocó para siempre la alineación recta proyectada en dos bochornosos y absurdos quiebros. Un día coincidí casualmente con Catón en la c/ Casal Aboy, que venía de inspeccionar el trazado de la C/ Hermanos Maristas; le pregunté sobre el porqué de los   dos quiebros irracionales de la alineación; impertérrito, conforme su marmóreo cinismo, respondió: “fue el aparejador municipal que se equivocó al dar la línea”.


También a él le corresponde el cuestionable mérito de ser el primero en abrir el portillo a la instalación de grandes superficies comerciales en Areas;  esas máquinas de achique y bombeo de la economía local a otros lugares, cuya acción  secante se percibe ahora con meridiana claridad.


Nada invita a imaginar que  las relaciones personales del tiranosauro, de piel tan correosa como áspera, sean la cara noble de la moneda, la faceta redentora de su ejecutoria política. No cabe esperar que los colaboradores políticos utilizados y luego abandonados vengan en su socorro; aunque  nunca falta un  espíritu  vasallo que lo desmienta.


Contemplada con perspectiva la trayectoria del tiranoasuro,  no puede decirse que estemos ante un político de bandera. Aunque haya llenado el Paseo de la Corredera de ellas, como si de  un puerto deportivo o de un recinto ferial permanente se tratase. Las huellas fósiles, pesadas y profundas, la marca indeleble del monstruo de la política local, hipotecaron, por estrangulamiento, el desarrollo urbanístico de Tuy.  Pero un meteoro urbanístico impactará con gran estruendo en la colina de piedra, y el tiranosauro, y los  camaleones, de acorchadas tragaderas e inconmovibles digestiones,  que han seguido su juego por mantenerse en el poder, serán barridos de la escena política, y ahuyentados los viejos depredadores y la fauna menor coreográfica.


                                 José Antonio Quiroga Quiroga 
NOTA: Se incluye vídeo de una de las manifestaciones dominicales de los vecinos de Malvas en contra del cambio de ubicación del vertedero




                   

lunes, 12 de septiembre de 2016

Concejalía de Festejos


 En el mundo donde reina el eufemismo, si no la mentira estudiada,  no es extraño que la concejalía de cultura no responda al nombre que la define y, por el contrario, al amparo este respetable epígrafe, de cobijo,  cada vez más, a espectáculos de mero entretenimiento y alpiste para polluelos y polluelas. Dada la deriva en la que se ha instalado, lo propio sería que se denominase concejalía de festejos, como sucede en los pequeños ayuntamientos, porque no tienen recursos para ocuparse de ella, y también en los grandes,  donde saben establecer y marcar la diferencia entre ambos conceptos. Salvo meritorias excepciones, los festejos deberían limitarse a los obligados y establecidos tradicionalmente en el calendario. Fuera de ahí, lo demás es perversión e irresponsabilidad en el gasto. La misión esencial de los ayuntamientos además de la función burocrática, es la de ofrecer servicios básicos a precio de coste, y dotar el municipio de las infraestructuras necesarias que posibilitan y propician desarrollo y  progreso.

Creo que no me equivoco al decir que, al menos en Tuy, la cartera de subcultura  dispone en cada ejercicio, al margen del color del partido que gobierna, de partida presupuestaria notablemente muy superior respecto de la asignada a las demás delegaciones, pese a la mayor repercusión  en el desarrollo y el bienestar social de algunas muy concretas, verbigracia, Urbanismo y Obras. Pero, indudablemente, ninguna ofrece mayor rentabilidad electoral a corto y a medio plazo, que es el horizonte que determina las prioridades políticas, que la alegre, bullanguera y gratificante concejalía de festejos.

No es admisible, menos en tiempo de crisis económica, el gasto  que, de manera solapada, las delegaciones de Cultura, Deportes y la fantasmal Eurociudad,  semana tras semana, derrochan en entretenimientos de la más variada naturaleza. Eventos todos ellos celebrados bajo la máxima irrenunciable, casi sagrada, de animar el cotarro y estimular la movida, y la coartada de favorecer a la hostelería, que no al comercio en general.

Diríase que este gobierno, más que otros, ha cifrado su éxito, su continuidad en el poder en la fiesta,  que tan bien conecta con  el extendido sentimiento de a vivir que son cuatro días; en lo ilusorio, en la inmaterialidad de los  fuegos de artificio,  en lo que no tiene expresión material ni consecuencia aprovechable alguna, porque apenas deja rastro apreciable,  en suma, en el populismo, al que también pertenece  el intrascendente  y cacareado apartado denominado, “antes y después”.

 Como bien dijo, en expresión poética, una amiga: Tuy se va apagando bajo la deslumbrante luz de las celebraciones.

 

                              José Antonio Quiroga Quiroga

 

 

 

 

viernes, 26 de agosto de 2016

Malabaristas, funambulistas, tahúres y trileros


De pronto, en Tuy, se instaló el circo. Eso sí, sin animales. No cabe incluir en ese martirizado conjunto a un tiranosauro rey de la política local, protagonista destacado en el espectáculo que ofrece la troupe dirigente. Trileros, tahúres, malabaristas y funambulistas de baja estofa, enzarzados en una función de enredo y suspense, cuyo primer acto ha sido prometedor, amenizarán el final del verano en la Eurociudad, que en Galicia  es una verbena permanente.

Las mociones de censura siempre generaron mucha expectación pese a que tienen mal cartel. Pero forman parte legítima del juego democrático, y no necesitan de mayor justificación. Basta con reunir el número de votos suficientes y creer que el  nuevo gobierno lo hará mejor que el destronado, sin necesidad de entrar en valoraciones de si el desalojado lo está haciendo bien, regular o mal. Tan legítimo es un gobierno salido de una moción de censura como el formado por una amalgama de partidos de ideologías tan diversas como difícilmente compatibles. Sobran, por groseras, las descalificaciones a los promotores, y las autoalabanzas, por inelegantes y subjetivas. Están demás las acusaciones de falta de seriedad de los partidos que la respaldan,  y  las que apuntan a motivos de interés particular y no público. ¿Acaso en el deseo de participar en política no anida, además del supuesto espíritu de servicio público, la erótica del poder, el ascenso en el seno del partido en el que se milita, el atractivo de un mayor relieve social y consecuente ampliación del circulo de relaciones personales, el valor de la información privilegiada,  la mejora laboral y salarial o la obtención de un apreciable complemento, etc.? Fuera, pues, las declaraciones de parte, asúmanse con sobria discreción las mociones de censura y déjense para la ciudanía los juicios de valor.

Solo un buen malabarista puede poner coordinar el movimiento de cuatro bolas  de distinto tamaño y naturaleza política, que abarcan todo el espectro ideológico: el ala derecha, representada por Alternativa Tudense; el centro izquierda, representado por el Psoe; un partido neutro, asexuado, Son de Tui,   cuyo único representante, proveniente de la izquierda nacionalista, no sabe ahora en qué lugar ubicarse; y la izquierda bravía, representada por el BNG. Si  no se posee suficiente carácter, capacidad de liderazgo, y tampoco mañas de malabarista, lo predecible es que se acabe de funambulista caminando en la cuerda floja.

Pero resulta que el circunstancial funambulista de la Casa Consistorial muestra guiños de trilero al esconder una bola clave en todo este juego, diciendo que el gobierno municipal, su gobierno, “funciona con normalidad, ajeno a intrigas”, cuando sabe, como es de dominio público, que en casa tiene a un experimentado tahúr, al que obsequió de principio con demasiados triunfos, que juega con dos barajas.  

Después de celebradas las elecciones, cuando se negociaban las delegaciones para formar gobierno, recuerdo oírle decir, a quien  luego fue elegido regidor, que si no salía alcalde no pasaba nada; y lo mismo,  que no pasa nada si dejaba de ser alcalde, tiempo después, en uno de los primeros plenos cuando se oyeron por primera vez los aleteos de una moción de censura. A juzgar por el nerviosismo mostrado, diría que el alcalde sufre de vértigo por el vacío que se abre bajo sus pies, y de amnesia por la falta de coherencia.

En el aspecto personal, señor alcalde,  no debería pasar nada si la moción de censura prospera, pues siempre le queda su pueblo natal para, con mayor pasión, si cabe, que la volcada en Tuy,   retomar la actividad política y ejercitar  su espíritu de servicio público en favor de sus paisanos.

 

                               José Antonio Quiroga Quiroga

 

domingo, 31 de julio de 2016

Versión Original (II)


Echar la culpa a terceros:

El lenguaje siempre dispone de herramientas útiles para sortear responsabilidades o sacudirse la culpa.  Una de ellas, de importación, que ha alcanzado éxito casi absoluto entre los hablantes hispanos, es la traducción, y uso a conveniencia, de palabra anglosajona “wrong”: equivocado, en su acepción  como adjetivo; listo para ser endosado a un tercero,  y no, ¡ay! como verbo reflexivo: estar equivocado, que implica asunción y justo, aunque incómodo, reconocimiento.  

    Veamos un ejemplo tomado  de un artículo de una columnista de El País: “Digamos que tuve mala suerte. Que nací en el lugar equivocado, me casé con el marido equivocado y contraje la enfermedad equivocada…”

Efectivamente, “se equivocó la paloma, se equivocaba. Por ir al norte fue al sur…Se equivocaba”. Sin embargo, una vez allí, en el sur, desorientada y confundida, el orgullo no le permitió reconocer su error y dijo que estaba en el lugar equivocado.

 

Demasiado “demasiado”:

         Otro adjetivo empleado indiscriminadamente, por cuanto atañe también a la responsabilidad personal, y que ha reemplazado  en el uso al adverbio “muy”,  es el vocablo “demasiado”. Que significa exceso, abuso y delito; y a juzgar por   la frecuencia con que se usa dicho vocablo  diríase que la demasía   fuese lo natural y esperable  de  cualquier acción humana. A primera vista resulta paradójico  que se acuda a este vocablo maximalista cuando se peca por defecto. Sin embargo, la elección no es inocente o casual, sino que con ella se pretende, inconscientemente, en buena parte de casos, una rebaja importante de responsabilidad o de culpa. Es muy frecuente, por ejemplo, escuchar a futbolistas decir que no estuvieron demasiado acertados, después de haber tenido una tarde negada en el pase o cara a la portería. De esta forma el jugador trata de justificar su pobre actuación al establecer como referencia de evaluación un nivel que por extraordinario y excepcional no es en absoluto exigible a ningún jugador. Ni siquiera cuando para evitar la derrota del equipo se necesita de un milagro. Además de que,  como fenómeno favorable, el extraordinario porcentaje  en el acierto nunca es demasiado, salvo cuando se da ensañamiento con el rival.  Mucho más razonable sería si dijese que no ha estado muy acertado cuando  ha estado poco o muy poco, pues aún en  caso de evidente indulgencia consigo mismo,  tal manifestación no dejaría de ser  sincera por enmarcarse  dentro de la  natural, inocente e inevitable dosis de subjetividad.

Cuando un tercero, por ejemplo, el entrenador del equipo, es el que se manifiesta en esos mismos términos: “la verdad es que fulanito hoy no ha estado demasiado acertado en la labor defensiva”,  está igualmente tratando de aligerar la carga de desacierto del jugador  para salvarlo de la ira del público; además de mostrar consideración  con él.

Más dificultad de explicación ofrece a primera vista, por cuanto más paradójico parece,  el empleo de la palabra demasiado en ciertos casos en los que quien la emplea parece dar muestras de desdén o escasa simpatía por la persona aludida, cuando en realidad se trata de otra sutil expresión de cortesía. Imaginemos que alguien entra en una cafetería y le pregunta al propietario si fulanito o menganita suele venir por el establecimiento, y recibe como respuesta: “la verdad es que no viene demasiado por aquí”. Decir que no viene demasiado puede interpretarse  como que el aumento de la frecuencia de las visitas podría llegar a ser molesta,  pero chocaría con el natural interés comercial del titular de la cafetería. Es más lógico pensar que dicho titular no quiere incurrir en reproche hacia  el potencial asiduo cliente diciendo que viene poco o muy poco por su negocio.

Se observa, pues, que la razón del uso del vocablo demasiado radica, en la mayoría de los casos en una muestra cortés de deferencia hacia terceros, y cuando se aplica a uno mismo, de intento de atenuación de responsabilidad, o de deferencia indulgente hacia uno mismo. Sin embargo, aun cuando casi nunca son demasiadas las muestras de cortesía, creo que nos excedemos en el uso de la palabra demasiado y nos quedamos muy cortos en el empleo del vocablo muy.

 

                       José Antonio Quiroga Quiroga

 

 

sábado, 21 de mayo de 2016

El Algarrobico de Tuy

Tuy tiene, cómo no, en el edificio Beira do Miño su tropelía urbanística de impacto en el tramo de concentración de atropellos de la calle Martínez Padín. Una especie de Algarrobico de interior, versión vivienda, incrustada en el costado oeste del recinto histórico. Fachada altiva de la colina de piedra de entrada a la ciudad desde Portugal, que va camino de convertirse en colina de hormigón, que por su franca exposición no necesita de señalización que advierta al viajero de que se adentra en territorio caníbal. Asombra y entristece el modo en cómo vamos devorando nuestro patrimonio e historia. Y con qué indiferencia le robamos  belleza y  encanto a nuestra bandera más representativa, sujeta a que se pueda mancillar sin temor a que soliviante la ciudadanía. Muy al contrario de lo que ocurriría si la afrenta se infligiese a la señera de paño, recientemente aprobada por el pleno de la Corporación.
La especulación  salvaje, que no se ciñe solo al período del “boom” urbanístico, ha dejado lamentables huellas en el paisaje urbano, a modo de traumáticas mordidas, como el hueco dejado por el derribo de  66 m de muralla correspondientes al baluarte del Olmo (S. XVII). De tentativas, como el proyecto de amurallamiento y ocultación de la mencionada fachada oeste del conjunto histórico,  con dos bloques de  23,50 m de alto, 22 m de fondo y 85 m de longitud total, para construir 77 viviendas en la margen este del río Tripes, que afortunadamente aborté realizando tres infografías (mes y medio de trabajo) que entregué en las Consellerías de Cultura y de Ordenación do Territorio y  Obras Públicas. Y de agresiones aberrantes como el bloque ilegal de viviendas del mencionado Beira do Miño, que distorsiona y empaña la imagen histórica de la Cívitas Tudensis, seña de identidad y atractivo turístico de primer orden.
Ante la elocuencia de las imágenes que siguen, considero innecesario entrar en más detalles para describir el tremendo daño  causado, y en abundar en argumentaciones orientadas a sensibilizar a la ciudadanía en cuanto a protección y recuperación de nuestro bien más preciado.


MORDIDAS TRAUMÁTICAS EN EL PERÍMETRO AMURALLADO :



Baluarte del Olmo y escarpa exterior aterrazada de bellos viñedos y huertas

Exterior del Baluarte del Olmo, con capa de musgo en la parte baja


Vistas de las actuales  murallas de hormigón








TENTATIVAS DE AMURALLAMIENTO DE LA  FACHADA OESTE
 DEL CASCO HISTÓRICO:


Impacto paisajístico  del bloque de viviendas comtemporáneo en la fachada oeste
del casco histórico que distorsiona la imagen de ciudad antigua 












        AGRESIÓN A LA IMAGEN ANTIGUA DE LA CIUDAD:


Hermosa estampa de Tuy antes de las agresiones paisajísticas



















Solamente cabe referir que algunos atentados perpetrados a la estampa urbana y al tejido de la red viaria son de difícil o imposible reparación, pero no los sancionados por la justicia con demolición y obligada  reposición de la legalidad de volver las cosas a su  estado anterior. De ahí que no se puede entender la manifestación de nuestro actual alcalde de importación, que gobierna en régimen de secuestrado competencial, que sería dramático para Tuy que alguien exigiese la ejecución de sentencia que pesa sobre el bloque de viviendas Beira do Miño. La ejecución de dicha sentencia supondrá el beneficio de recuperar la parte de la esencia perdida  de ciudad antigua y de liberar suelo para poder crear aparcamientos para el casco histórico, además de precedente ejemplarizante que ayudará a valorar y respetar el patrimonio histórico y a desterrar la perniciosa práctica de hechos consumados.
Como anécdota dirigida a descreídos traigo a colación  un pleito en el que se dirimía la legalidad de la reconstrucción de un inmueble de tres plantas, en el que participé como perito de la parte demandante. Cierto día, con la mejor de las intenciones, le dije a la parte demandada que dejasen a un lado las disputas verbales entre vecinos y llegasen a un entendimiento. Que no arriesgase todo un capital a cambio de ceder  muy poca cosa, aunque creyese que le asistía la ley,  porque  consideraba que la obra podría acabar en demolición. Tras unos segundos de silencio, me respondió: “no, aquí no se demuele nada, ahí está el Beira do Miño”. Lamentablemente, porque se trata de una episodio desgraciado, la justicia le ha hecho ver que  se equivocó en el pronóstico en cuanto a lo que le toca como propietaria. El tiempo le recordará que también se había equivocado respecto del destino del Algarrobico de Tuy.


                                      José Antonio Quiroga Quiroga 


miércoles, 11 de mayo de 2016

Por qué dramático, Sr. Alcalde


¿En qué estaría pensando, y qué habrá querido transmitir el alcalde en precario de Tuy, cuando dijo en un pleno que “tendría consecuencias dramáticas para el Concello” que alguien solicitase la ejecución de sentencia de demolición del bloque de viviendas “Beira do Miño? En modo alguno  un tudense que siente y ama su ciudad, y mucho menos en calidad de representante público, diría que sería dramático que se revierta una ilegalidad urbanística que atenta, en lo físico y paisajístico, contra un bien de incalculable valor como lo es el conjunto histórico, estandarte y seña de identidad, y se restablezca la realidad edificatoria anterior. Valor éste incomparablemente muy superior frente al  fluctuante y pasajero del dinero. Si el alcalde se refería al importe económico, siempre recuperable, de las indemnizaciones a los propietarios de las viviendas de dicho edificio, queda claro cuál es su orden de valores y cuáles son sus preocupaciones.
Generalmente, los daños urbanísticos suelen ser irreversibles o, en el mejor de los casos, difícilmente subsanables por su vocación de permanencia en el tiempo. Valga como ejemplo, aunque a efectos de trascendencia no es comparable, el edificio   levantado  en la calle Augusto González Besada en el lugar que ocupaba la antigua plaza de bastos, que por añadir unos cuantos miles de pesetas más a las arcas municipales, cuya insustancial repercusión para el municipio  quedó diluida en el tiempo,  se autorizó levantar en el solar ocho alturas, B+7, frente a las tres alturas, B+2, predominantes en el entorno y en el conjunto urbano. Tampoco sería dramático,  muy al contrario, en cuanto que contribuiría a su puesta en valor; frase ésta tan útil para adornar el discurso político en los actos protocolarios, como hueca y harto manoseada. Poner en valor significa, simple y llanamente, recuperar y rehabilitar. Sin embargo, sí sería probablemente un episodio dramático para  el responsable de tal manifestación, puesto que podría truncar su legítima carrera política.
Me resisto a creer, por lo general, que personas no nacidas en Tuy sientan los valores de esta antigua ciudad con la misma hondura que los tudenses conscientes de la importancia de su historia y patrimonio arquitectónico; aunque nada determina que tenga que ser así, pues conozco, y muy de cerca, a foráneos residentes, que por su implicación social, que no política, superan en inquietud a una buena parte de nativos. Me resisto a creer, pues, que la concejala de Patrimonio, originaria del Calvario de Vigo, aunque residente en Pexegueiro, desconocedora de la historia de Tuy, extraviada en la dimensión de su delegación, y rezagada en los deberes municipales: redacción del Plan Especial de Protección del Casco Histórico, y peatonalización del mismo, pero, al parecer, según manifestación propia, muy diligente en su profesión de médico, le importe  algo el patrimonio histórico de Tuy. Por la misma razón me resisto a creer  que naturales de otros municipios, Salceda, Ribadavia, etc. que ocupan escaño en el Ayuntamiento de Tuy,  les conmueva lo más mínimo el estado y futuro del conjunto histórico de la antigua capital de reino de Galicia.
Cabe preguntar por las razones que movieron al alcalde para recordarnos que cualquiera puede solicitar la incoación del expediente de reposición de la legalidad del edificio Beira do Miño, circunstancia desconocida para muchos y que, en cualquier caso,  estaba aparcada hace tiempo en un rincón de la memoria colectiva. Y si era menester agitar la responsabilidad y compromiso cívicos de los tudenses, que no la aletargada obligación de la Consellería de Cultura y, en concreto, de Patrimonio Histórico, que, como organismo encargado de la tutela y protección de los cascos históricos en ausencia de Planes urbanísticos específicos, es a quien corresponde incoar el expediente. Como también, subsidiariamente, la responsabilidad de la Agencia de Protección de la Legalidad Urbanística.

Bloques de vivienda "Beira do Miño" y construcción antigua en medio

Confieso que la desafortunada manifestación del actual alcalde alcanzó mi fibra sensible. Previamente excitada y caliente de tanto capotazo torero al convenio de cesión de uso del inmueble del Teatro Principal para poder acogerse al 1,5 % Cultural y proceder a su rehabilitación. Tan caliente y hastiada,  tras dieciocho años  en el empeño,  de escuchar una y otra vez las mismas falsas promesas y falaces argumentos de todos los gobiernos municipales, y de este en concreto, que,  a título particular, estoy sopesando seriamente solicitar la ejecución de sentencia de “reposición de la legalidad urbanística” dictada por la Consellería de Cultura y, de paso, rematar la iniciativa altruista emprendida por un matrimonio de la ciudad. Considero necesario para la salud del casco histórico sentar un precedente ejemplarizante ante tanta palabrería, y  proporcionar cierta satisfacción a las dos personas que encabezaron en solitario la mal llamada iniciativa vecinal, orientada a reparar el atentado cometido contra el casco histórico. Iniciativa  que les reportó un quebranto económico de más de trece millones de pesetas  en concepto de costas judiciales. Frustraciones personales al margen, este es el único drama a considerar.
Recelo de este alcalde,  seco de carácter, parco en palabras, lacónico en las respuestas,  de mirada escondida y calculador frío inmerso en temprana e intensa deriva populista. Y de sus verdaderos propósitos. Si algún argumento inconveniente le roza, adopta, como Rajoy, la estrategia del gusano, se enroca en el mutismo y permanece quieto.


                                    José Antonio Quiroga Quiroga

sábado, 7 de mayo de 2016

Por una corrupción sostenible

A la sombra del producto interior bruto y de la sobreprotección jurídica la política ha alumbrado una extraordinaria camada de nuevos ricos muy ricos. Una casta depredadora que fue engordando obscenamente en las inaccesibles y confortables alturas del poder. La voracidad de la opulenta  fauna dominante, inmersa en desenfrenada orgía confiscatoria, llevó al resistente ecosistema económico al límite de lo soportable por la sufrida  clase  trabajadora, y al punto de ruptura del equilibrio social. La esperada reacción se desencadenó de manera espontánea de parte de justicieros de las capas bajas que han decidido dar caza a  esta devastadora especie  en la esperanza  puntual de frenar su avance  y  recortar su campo de acción. Y si bien raro es el día en que no  cae abatida una buena pieza, ni el escandaloso número de bajas, ni  el insolente acoso plebeyo asomando a los santuarios fiscales de la manada con patente de corso y derecho de pernada, ha conseguido que ésta se sienta amenazada. 


Sabe perfectamente que el pueblo llano, educado históricamente en la ofrenda de sacrificios  a dioses y patrones,  tiene alma de vasallo. Y que acepta como natural  el orden  establecido  de entregar dócilmente a sus  dirigentes la parte del león de las rentas de su dura brega. Y porque tradicionalmente, el pueblo sabio,  conforme con tener algo que llevar a la boca, seguirá confiando  en la clase dirigente extractiva de toda la vida, y votando a los acaudalados señoritos, porque solo ellos, expertos en el manejo de riquezas y garantía de prosperidad, podrán sacarnos de la crisis y  evitar que acabemos todos en el paro.


                            José Antonio Quiroga Quiroga