viernes, 25 de septiembre de 2015

Desregulado

                                                

Algo debe fallar en el telencéfalo del señor Padín para que sus intervenciones políticas  carezcan  de sentido común. La retórica afectada con que las reviste no consigue enmascarar la puerilidad de las mismas. Cabe pensar, no sin cierta reserva, que tales pronunciamientos no se deben a un desajuste de chaveta sino al natural talante arrojadamente demagógico.
En el pleno ordinario de 24/09/2015 del ayuntamiento de Tuy, este hombre, más libertario que liberal, que ha declarado públicamente no reconocer el Estado de Derecho, mostró, una vez más, su  anarquía de conveniencia al tachar al grupo de gobierno de hiperregulador por pretender aprobar una ordenanza que prohíbe el botellón en el casco histórico en salvaguarda del descanso de los maltratados residentes. En contraposición a la existencia de ordenanza propuso como solución confiar en la responsabilidad individual de los congregados en estas manifestaciones, y señaló a Felipe González responsable de los comportamientos alborotadores por no haber educado a la población durante su largo mandato.
A una  moción suya, y gracias al apoyo de la oposición, se debe que el lunes de carnaval sea  día festivo local en lugar del habitual martes. Defendió el cambio en aras de la productividad laboral apoyándose en un supuesto estudio, de autoría no referida,  que afirma que  dicha productividad decrece los lunes, desconsiderando la rentabilidad comercial en Tuy del martes de carnaval. Sin embargo, nada dijo de los posibles estudios sobre la productividad en los martes que siguen a lunes festivos. Pues si la bajada de rendimiento se debe a la acomodación del cuerpo al descanso y a la resistencia del mismo a abandonar la molicie tras dos días de relax,  mayor acomodación experimentará y mayor resistencia opondrá si dispone de un día más de holganza. Y si a ello se sumase el hecho de que los lunes en el trabajo se habla mucho de futbol, resulta que ahora hay futbol todos los días.
Con frecuencia el discurso del señor Padín incurre en contradicciones, valgan como ejemplo el haber adoptado por bandera electoral, la bajada generalizada e indiscriminada de impuestos, sin perjuicio de poner constantemente como ejemplo de gestión política a países nórdicos: Suecia, Noruega, Dinamarca, que figuran a la cabeza del mundo en presión fiscal. O el rechazar normas de convivencia u ordenanzas de cualquier tipo, cuando es característico de todo país moderno el gran desarrollo normativo orientado a regular el complejo orden consustancial a toda sociedad evolucionada. Diríase que en este apartado el señor Padín abandona las coordenadas europeas  y toma a Guinea Papúa como referente de  convivencia regulada por la espontaneidad y el libre albedrío.
Ya no me sorprende el paso cambiado  de quien su exacerbado ego le indica  que tiene que dar siempre la nota. El mismo sobredimensionado ego que mantiene mudo a su compañero de partido no permitiéndole que formule siquiera un simple ruego o pregunta en los plenos. Muestra elocuente de impúdico afán de protagonismo, y de no saber estar, la encontramos, por desgraciada fortuna, en la foto que adjunto. Repárese en el impropio paternalismo del doliente que, en inversión de roles, despoja al obispo del suyo y, por tanto, de su dignidad. Y en  el gesto hierático y mirada apartada, marcando distancia, de monseñor  Quintero Fiuza.



¿Desregulado, fuera de punto?
Por cierto, que oposición más penosa. Un abismo de educación y capacitación la separa del grupo de gobierno.








                                José Antonio Quiroga Quiroga


Nota: Si en el artículo “Divergente y separatista” hice referencia a la barbilla huidiza del señor Padín, fue, simplemente, porque tal característica no encaja en el arquetipo de líder. Quizá molestó que por su bigote y perilla hiciese semblanza con Búfalo Bill. Si prefieren lo sustituyo por Brad Pit, aunque el histórico personaje del Oeste Americano no desmerece en fama, galanía y apostura. No faltaron quienes, haciendo gala de mojigatería provinciana,  se escandalizaron y rasgaron sus vestiduras por describir un aspecto visible del físico del señor Padín.  Solo en la particular escala de valores de los presuntamente agraviados cabe presuponer burla en simple reseña física.  En ausencia de argumentos es muy socorrido darse por ofendido para armarse de razón.