martes, 27 de septiembre de 2016

Memoria de un tiranosauro rey de la política

          No referiré al protagonista y responsable de los hechos que se relatan en esta retrospectiva por su tonante y punitivo nombre, de esos que suelen  determinan el carácter de quien lo lleva,  sino por  concordancia fonética y hermandad en la impostura de conducta, por el de Catón, en recuerdo al homónimo  romano conocido como el Censor;  por quien el emperador Claudio sentía especial inquina por su doble moral.


Cuando alcalde, Catón solía reconvenir a los corporativos, incluso llegaba a amonestarlos de expulsión, por utilizar expresiones que no se ajustaban a su particular e intransferible sentido del decoro. Un decoro gazmoño sostenido con evidente artificiosidad, y apuntalado con interjecciones cursis del tipo ¡¡¡Concho!!!  que empleaba como enfático remate en los arrebatos de contrariedad o de reafirmación. Ahora de mayor, pero de nuevo incrustado en la esfera del poder político local, conserva intacta la actitud farisaica de cuando joven, aunque más depurada por la maestría adquirida en el arte del fingimiento, y enmascarada por la pátina de bondad que los años suelen otorgar. El enternecedor papel  de abuelete cebolleta,  presto a desempolvar conmovedoras batallitas de su particular hemeroteca,  que exhibe  en plenos y entrevistas, es otro visaje de su taimada doblez; faceta que redondea desde el púlpito de Facebook, asumiendo el rol de senior docto y ejemplar, que está de vuelta de todo, divulgando máximas, aforismos y dichos de la más variada estofa para guía de sus virtuales seguidores.  


Su faena política arranca con un movimiento definitorio, nada honorable, la ópera prima de una serie de desaciertos e imposiciones de lesivo desenlace, que marcó el devenir político del municipio hasta la fecha. Sobre él recae la dudosa reputación  de ser el primer tránsfuga en Tuy de la democracia. Saltó del gobierno de Unión Tudense al banco del grupo mixto impulsado por la oferta de encabezar la candidatura del PP en la siguiente convocatoria electoral. Desde la trinchera de la oposición  se dedicó, con nulo éxito, a poner palitos en las ruedas del carro del gobierno tirado por solo tres personas. Más tarde sufrió en carne propia los efectos de su medicina: una moción de censura interior siendo alcalde, y la fuga de alguno de sus compañeros de grupo cuando ocupaba escaño en la oposición. Ahora, la frágil coyuntura política actual, y la perspectiva de hacerse con la poltrona ha vuelto a despertar su naturaleza de conspirador máximo.


Como regidor pronto abrió un abultado melón de desaciertos. Cambió el emplazamiento proyectado del futuro vertedero municipal y lo situó en el espacio de protección del parque natural del monte Aloya. Cada domingo, vecinos de Malvas, preocupados por la contaminación de los manantiales de agua de abastecimiento, se manifestaban en el centro de Tuy. Una querella judicial del desaparecido Gundín, desembocó en el abandono del vertedero y la renuncia al cobro de 22.000.000 de pesetas por parte del empresario que lo ejecutó, pues de lo contrario dos personas acabarían en la cárcel, en palabras del entonces Secretario del Ayuntamiento, López Pita. Luego, según ciertas fuentes,  esos millones le fueron reembolsados al empresario  al serle adjudicada, de manera controvertida, la construcción de la piscina municipal por importe de 80.000.000 de pesetas.


Al amparo de una mayoría de gobierno  demoledora pretendió derribar el Teatro Principal para crear una plaza-mirador al río. La tentativa fue abortada por un caudal de artículos de prensa en contra y de cartas al director. Pero la frustración permaneció viva en la parte reptiliana, la más primitiva del cerebro, del tiranosauro Catón, a la espera de ser resarcida.  Con el actual gobierno, plegado a sus imposiciones,  a riesgo de romper el grupo, se tomó la revancha consiguiendo que la Fundación Teatro Principal de Tuy, sin alternativa posible, acordase la venta del inmueble.


El recinto ferial prometido por Fraga en la parroquia de San Bartolomé,  para cuyo acceso la Cámara de Comercio había decidido comprar una franja de terreno  colindante con la calle Canónigo Valiño, se malogró a causa de la exigencia, no aceptada, del propio Catón  como director del complejo. También desbarató el establecimiento en Tuy de la Universidad de Verano, para la que el Seminario ofrecía el alojamiento de los estudiantes. Este revés  hizo que el obispo, contrariado, exclamase: ¡¡¡Qué tiene este hombre contra Tuy y el clero!!!


El cuarto de sonrisa torcida, que adorna la cara del esquinado personaje, revela que también tiene una faceta cómico-patética. En una ocasión  sacó a concurso plazas  para puestos de limpiadoras  que, entre otras pruebas a superar, contemplaba tres de tipo físico, todo un  triatlón: carrera de 100 m lisos, salto de altura y salto de longitud. No debió ser agradable ver competir a  aquellas señoras, algunas entradas en carnes y años, vestidas de pantalón corto moviendo desesperadamente sus traseros. Pero quién sabe si entre las atléticas concursantes estaba la madre que luego engendraría a Gómez Noya, nuestro  pentacampeón mundial de la especialidad. Otro episodio peculiar tuvo lugar a continuación del tumultuoso tiempo de precariedad en el abastecimiento de agua a la ciudad, provocado por el apresurado suministro de agua tintada no potable, durante varias semanas.  El agua de la traída era de color amarillo, semejante al de los refrescos Mirinda o Fanta de la época. Para tranquilizar a la población iba Catón, cual  conejillo de indias dispuesto a inmolarse, emulando el estilo populista de Fraga en Palomares, de bar en cafetería pidiendo vasos de agua del grifo. Tras beberlos de un tirón les decía a  quienes, con recelo, se lo habían servido, e indirectamente a los demás presentes: ves, no me he muerto, aquí estoy.


Pero fue en el campo de la disciplina urbanística, en el que las torpezas cometidas hipotecan una ciudad de por vida, en el que Catón destacó como Ángel caído del error permanente, víctima de su infundada como contumaz suficiencia congénita que le abocó siempre a meter la pata de cabra. Materia  ésta en la  que se estrenó encargándole a un ingeniero de caminos, mercenario del PP, y lego en urbanismo, de la redacción del PGOU, mero ejercicio de delineación que pronto fue reconocido por todos de desastroso. La primera redacción del Plan General presentada para aprobación inicial,  luego rechazada por Patrimonio, contemplaba la descabellada idea de la eliminación de la Zona de Respeto del casco histórico, y el aumento de alturas en el ámbito del Paseo de la Corredera. Pero  el revés, no aceptado por el orgulloso Catón, no impidió  que circulasen   planos del PGOU sin firma de aprobación,  tal y como funcionarios de la COTOP le confesaron a un arquitecto municipal. Esta  situación de confusión desembocó en  una denuncia en la Fiscalía por falsedad documental, presentada por un concejal de la oposición. Los planos falsos desaparecieron como por ensalmo y la denuncia fue archivada por falta de pruebas. La aprobación inicial de dicho Plan General preveía también un edificio de viviendas de B+ 4 alturas en el solar que ocupaba la anterior plaza de abastos, luego demolida,  cuya construcción Catón justificaba como recurso que ocultaría la fealdad edificatoria de la C/ Casal Aboy; si bien se decía por aquel entonces que el edificio proyectado iba a ser promovido por un cargo del PP local.  Esta  pretensión constructiva la paralicé al repartir entre los vecinos de dicha calle, durante unas elecciones municipales,  una perspectiva del pretendido bloque de viviendas. Procedimiento que años después utilicé para  que se impidiese la construcción de la muralla edificatoria que el PGOU contemplaba en la C/ Martínez Padín y la ribera del río Tripes. Esa franja de terreno  todavía hoy permanece excluida del área regulada por el PXOM en vigor. Sin embargo, el imperecedero espíritu de revancha de Catón pudo resarcirse del revés sufrido con la frustrada construcción del edificio de viviendas en el lugar de la desaparecida plaza de abastos. Con los  votos determinantes de su partido, consiguió, al fin, ocultar la fealdad edificatoria de la C/ Casal Aboy,  con la construcción en dicho solar del nuevo Centro de Salud.


          Al tiranosauro le son imputables el estrechamiento de dos de las vías-avenidas de penetración a la ciudad: la Avenida de la Concordia y la calle Colón. En la primera  alteró la alineación que el  retranqueo edificatorio del Plan Especial del Campo de la Feria sabiamente guardaba. Esta avenida ha quedado condenada con la construcción adelantada, respecto de la alineación preexistente, de un edificio a la altura de la estación del ferrocarril, que marca la nueva alineación de calle hasta el final de la misma. La estrechez inicial y actual de  la segunda calle, con  exiguas aceras de 1,50 m de ancho, se deben a su ignorancia prepotente, impermeable a todo consejo o sugerencia. El tortuoso trazado  de  la C/ Hermanos Maristas no obedece a error o torpeza sino a causas  menos confesables. Nadie pudo entender que  para  el trazado  de esta calle,  proyectada con ancho de 10 m, hubo que demoler una casa, que estrechaba   dicho vial en la intersección con la C/ Casal Aboy, para luego ser levantada prácticamente en el mismo lugar. Tal atropello trocó para siempre la alineación recta proyectada en dos bochornosos y absurdos quiebros. Un día coincidí casualmente con Catón en la c/ Casal Aboy, que venía de inspeccionar el trazado de la C/ Hermanos Maristas; le pregunté sobre el porqué de los   dos quiebros irracionales de la alineación; impertérrito, conforme su marmóreo cinismo, respondió: “fue el aparejador municipal que se equivocó al dar la línea”.


También a él le corresponde el cuestionable mérito de ser el primero en abrir el portillo a la instalación de grandes superficies comerciales en Areas;  esas máquinas de achique y bombeo de la economía local a otros lugares, cuya acción  secante se percibe ahora con meridiana claridad.


Nada invita a imaginar que  las relaciones personales del tiranosauro, de piel tan correosa como áspera, sean la cara noble de la moneda, la faceta redentora de su ejecutoria política. No cabe esperar que los colaboradores políticos utilizados y luego abandonados vengan en su socorro; aunque  nunca falta un  espíritu  vasallo que lo desmienta.


Contemplada con perspectiva la trayectoria del tiranoasuro,  no puede decirse que estemos ante un político de bandera. Aunque haya llenado el Paseo de la Corredera de ellas, como si de  un puerto deportivo o de un recinto ferial permanente se tratase. Las huellas fósiles, pesadas y profundas, la marca indeleble del monstruo de la política local, hipotecaron, por estrangulamiento, el desarrollo urbanístico de Tuy.  Pero un meteoro urbanístico impactará con gran estruendo en la colina de piedra, y el tiranosauro, y los  camaleones, de acorchadas tragaderas e inconmovibles digestiones,  que han seguido su juego por mantenerse en el poder, serán barridos de la escena política, y ahuyentados los viejos depredadores y la fauna menor coreográfica.


                                 José Antonio Quiroga Quiroga 
NOTA: Se incluye vídeo de una de las manifestaciones dominicales de los vecinos de Malvas en contra del cambio de ubicación del vertedero




                   
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lunes, 12 de septiembre de 2016

Concejalía de Festejos


 En el mundo donde reina el eufemismo, si no la mentira estudiada,  no es extraño que la concejalía de cultura no responda al nombre que la define y, por el contrario, al amparo este respetable epígrafe, de cobijo,  cada vez más, a espectáculos de mero entretenimiento y alpiste para polluelos y polluelas. Dada la deriva en la que se ha instalado, lo propio sería que se denominase concejalía de festejos, como sucede en los pequeños ayuntamientos, porque no tienen recursos para ocuparse de ella, y también en los grandes,  donde saben establecer y marcar la diferencia entre ambos conceptos. Salvo meritorias excepciones, los festejos deberían limitarse a los obligados y establecidos tradicionalmente en el calendario. Fuera de ahí, lo demás es perversión e irresponsabilidad en el gasto. La misión esencial de los ayuntamientos además de la función burocrática, es la de ofrecer servicios básicos a precio de coste, y dotar el municipio de las infraestructuras necesarias que posibilitan y propician desarrollo y  progreso.

Creo que no me equivoco al decir que, al menos en Tuy, la cartera de subcultura  dispone en cada ejercicio, al margen del color del partido que gobierna, de partida presupuestaria notablemente muy superior respecto de la asignada a las demás delegaciones, pese a la mayor repercusión  en el desarrollo y el bienestar social de algunas muy concretas, verbigracia, Urbanismo y Obras. Pero, indudablemente, ninguna ofrece mayor rentabilidad electoral a corto y a medio plazo, que es el horizonte que determina las prioridades políticas, que la alegre, bullanguera y gratificante concejalía de festejos.

No es admisible, menos en tiempo de crisis económica, el gasto  que, de manera solapada, las delegaciones de Cultura, Deportes y la fantasmal Eurociudad,  semana tras semana, derrochan en entretenimientos de la más variada naturaleza. Eventos todos ellos celebrados bajo la máxima irrenunciable, casi sagrada, de animar el cotarro y estimular la movida, y la coartada de favorecer a la hostelería, que no al comercio en general.

Diríase que este gobierno, más que otros, ha cifrado su éxito, su continuidad en el poder en la fiesta,  que tan bien conecta con  el extendido sentimiento de a vivir que son cuatro días; en lo ilusorio, en la inmaterialidad de los  fuegos de artificio,  en lo que no tiene expresión material ni consecuencia aprovechable alguna, porque apenas deja rastro apreciable,  en suma, en el populismo, al que también pertenece  el intrascendente  y cacareado apartado denominado, “antes y después”.

 Como bien dijo, en expresión poética, una amiga: Tuy se va apagando bajo la deslumbrante luz de las celebraciones.

 

                              José Antonio Quiroga Quiroga